Pasos de humo por Benjamín Muñoz

Ilustración: Martín Vega

 

Las emociones inexpresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde de peores formas

(Sigmund Freud)

 

El hombre únicamente deseaba caminar, estirar las piernas y en lo posible despellejar de su cuerpo esa capa de depresión permanente adherida a él. Con la mirada baja y ambas manos en los bolsillos de aquel gastado abrigo, se encaminaba en recorrer la costanera completa si eso servía para sentirse mejor de alguna forma. La nubosidad y la humedad en el aire solamente aportaban en demasía al estado anímico de aquel patiperro, que conllevaba una gran pena, alegría, tormento y gozo, todo en un sólo corazón al mismo tiempo, y es que no se podía definir bien lo que pasaba por su cabeza, qué es lo que sentía en su ser, o lo que haría luego de este largo y lento paseo.

La escasez de personas en el paseo costero le hacían pensar lo sólo que siempre había estado, incluso queriendo sentirse acompañado entre multitudes, masas sociales o “familia” que le apoyase. Solo una, y solamente una persona siempre se presentaba allí para él. Continuaba caminando, mientras otra figura masculina imponía su presencia.

-Hola.

-…

-¿No vas a hablarme? Bueno, era de esperarse. Y no te culpo compa, si que la he embarrado esta vez. La verdad, y la pura, honesta y brillante verdad es que no he podido contenerme, había algo allí que simplemente me mosqueaba  a ratos, y a ratitos. No es que me meta en tu vida personal, no, no, no, eso nunca. Pero de cierta forma me sentía responsable por ti y tu, em, fémina. ¡Hey mira las gaviotas! -Gritó enérgicamente a la vez que apuntaba con ambas manos el borde costero, continuaban caminando.

-No son gaviotas. -Respondió con desgano el hombre del desánimo.

-Lo sé, lo sé. Son cormoranes. Fácilmente confundidos con gaviotas, y no culpo a la gente; se parecen extraordinariamente, exceptuando claro el cuello largo, pero de lejos casi iguales. O tal vez no. ¡Como tú y yo! Tus padres y los pocos “amigos” que tienes siempre nos confundían, ¿recuerdas? Al final debíamos de vestir diferente cada vez que acordábamos junta. Lo que me recuerda, la primera vez que nos vimos. Cuando nos conocimos, de seguro te acuerdas, claro que sí. Un divertido momento difícil de olvidar. -El acompañante comenzó a gesticular con las manos.- Supuestamente, tu gato había desaparecido, y me encontraste con él. ¿Qué estaba haciendo, recuerdas? La verdad olvidé ese detalle.

-Me cago en la puta, cállate de una vez. -Dijo en voz baja tocándose la frente con una mano. Seguían caminando.

-Oh, al fin algo de comunicación prepotente y violenta como es de esperar de tu persona, querido tocayo. En fin, ahora me acordé. Primero lo atrapé, luego le aplasté su pequeño cráneo con uno de esos bloques de cemento que tu papá tenía en el patio de atrás y que nunca utilizaba. Creo que le di como tres veces, simplemente seguía moviéndose. Y luego me atrapaste. Me golpeaste y te pusiste a llorar por tu querida mascota, pero no acabo ahí.

-…

-Te propuse que ya que estaba muerto, jugáramos al veterinario. ¡Y vaya que aprendimos! Creo que podría suturar  a un caballo sólo con una rama y un poco de hilo a estas alturas. Claro, ese fue nuestro primer encuentro. De cierta forma tengo el sentimiento de culpa, sí, un poquito de culpabilidad.- Hizo un pequeño espacio con la mano derecha entre sus dedos, ojeándolo de cerca.- por así decirlo, ese fue el comienzo de nuestro hobby. Vamos, ¿no me vas a decir que no me agradeces? ¿ni siquiera un poco? La pasamos muy bien durante un tiempito. Y no es que quiera alardear, no, no, pero puta que teníamos imaginación. La verdad, es que lo de ahora ha sido simplemente un, un, ¡un algo sin planear! Sí, eso. Faltó la planeación.

-…Eres un miserable.

-I know babe, i know. But you are a miserable too. A lonely, sad, and useless human being. ¿Recuerdas que solíamos hablar inglés frente a otros? Como ha pasado el tiempo. En serio que hemos crecido, madurado y avanzado en la pútrida vida. Sobre todo tú, un verdadero Usain Bolt de la perseverancia y el esfuerzo, oh mi querido. En comparación a ti, soy como una  tortuga con alzheimer y que siempre anda con diarrea, cagándola en muchos lugares, muchas veces, olvidando sus cagadas, después de cagar. Soy como, como ese negro de los vengadores que tiene alas y que nadie recuerda su nombre, y tú el tipo del combo.

-Thor.

-¡Ese mismo!¡Tu, eres Thor!...o, ¿será al revés?

Se detuvieron. Se sentaron en una de las escaleras de madera que daban salida hacia la playa, casi en la arena. El viento soplaba de forma suave con frio de otoño, la marea comenzaba a subir, y chocar estrepitosamente contra la orilla. El mar. El mar calmaba, pensó el hombre. El mar te hacia pensar, racionalizar, y hasta divagar. Algo tan extenso e indomable podía ser también la pareja perfecta para una mente ya perturbada; una inyección de júbilo a ese pozo infinito por donde el hombre seguía cayendo, llamado caos. El sonido del agua aumentaba, y el hombre ya no escuchaba nada más aparte de eso. Ni el viento que soplaba, ni los automóviles transitando a sus espaldas, ni ese perro ladrando  a unos metros de ambos. La arena salpicaba su rostro y cabello, no importaba. Él, sencillamente, se dejaba llevar por el sonido de la naturaleza, una naturaleza adictiva. Ambos se pusieron de pie luego de un rato, el hombre seguía con la vista en el suelo luego de colocarse la capucha de su abrigo, y su acompañante muy sonriente, a cabeza destapada. Continuaron caminando.

-A veces simplemente no te entiendo; vives quejándote de tus problemas, que los demás son mejores que tú, que desearías tener mejores cualidades, que siempre me admiraste por ser más extrovertido y dinámico de alguna forma, que yo, por lo menos, me dejaba guiar por mis emociones y jamás dudaba de mi mismo, etc. Esas comparaciones son pan de cada día en mi retina.

-Creo que sí me entiendes, simplemente no te gusta, porque quieres que te acepte de lleno, y eso es algo que no puedo hacer. -Respondió en voz baja el encapuchado, dando pasos lentos y prolongados.

-Vaya, dijiste más de dos palabras.

-Uno siempre ya habla suficiente por los dos.

-Sí, pero ¿eso no es muy satisfactorio, o sí?

-A decir verdad, sí, lo es. Siempre debo andar encubriéndote por algo, escondiéndote, tomando precauciones, y la gran mayoría de las veces es por tu tremenda jeta que no puede quedarse cerrada. -Se detuvieron. El encapuchado alzó la vista por primera vez en un buen rato y miró directo a los ojos a su acompañante, el cual se detuvo solo un par de pasos más adelante, dio media vuelta y sonrió-.

-¿Me culpas a mí? Vaya, vaya, vaya. Sacamos los trapos. Reconozco que me comporto mal casi semanalmente digamos, pero vamos, tu eres mi cómplice en cada una de mis fechorías. El asunto es que no quiero separarme de ti, mi cumpa, y sé que tu no quieres separarte de mí. Sintetizando, sería mucho más fácil si aprendieras a vivir con el hecho de que somos inseparables, si aprendieras a vivir con el hecho de que ya no hay vuelta atrás.

-Sí, la hay.

-¿En serio? ¿Después de todo? ¡ja! No me hagas reír. -tocó el pecho del encapuchado con su dedo índice, apuntándole y picándole numerosas veces mientras hablaba.- Si no fuera por mí, tu vida sería un infierno de aburrimiento. Tú me has dado todas las ideas, yo sólo actúo. Y perdóneme señor, pero si la gente supiera todas las tediosas pero macabras cosas que ambos hemos hecho, créeme, no te enviarían a la cárcel, te arrojarían al estrecho con ladrillos amarrados a los pies. O peor. -El viento comenzaba a soplar más fuerte, el acompañante siguió caminando.  Esta vez el encapuchado no lo hacía, sino hasta un momento después.- ¿Vienes o qué?

Y, una vez más, luego de una pausa, siguieron caminando. Parecía que el paseo costero no acababa nunca, y ya se comenzaban a prender las luces de los faroles que bordeaban y atravesaban las calles. Ahora caminaban uno detrás del otro. Por su parte, el encapuchado y cabizbajo hombre no tenía la más mínima intención de alcanzar a su acompañante, el cual, al parecer ya no tenía ganas de seguir hablando tan fervientemente como lo estaba haciendo hace unos momentos atrás. Al parecer, esa sonrisa lupina que poseía durante todo el trayecto que llevaban recorriendo se había marchado. Se percibía un aire de incomodidad, de descontento, y de enojo.

Los autos ya casi no transitaban, las gaviotas ya no se escuchaban graznar, el mar, de repente, se encontraba en completa calma; sin ni una sola brisa que le diera joviales empujones para formar aunque sea un suave oleaje. El agua ya no rompía contra la orilla. Pero el sonido que emitía el calzado de ambas personas caminantes, ese sonido si se escuchaba muy bien. Un sonido seco, que casi parecía hacer eco contra el resto del trayecto que les quedaba por recorrer. El encapuchado alzó levemente la mirada, observando los pasos que daba su acompañante delante de él. ¿Cuántas veces habrá soportado escuchar tal ensordecedor sonido? ¿Cuántas veces habrá soñado con que esos mismos pies lo pisoteaban hasta destrozar cualquier indicio de existencia?

-Ahh…- el acompañante inhalo fuertemente, para luego soltar un suspiro de lo más aliviador.- Que bueno que ya no está. Sabes bien de quien hablo, de hecho comenzamos nuestro pequeño encuentro haciendo hincapié en eso. Bueno, más bien con una referencia de mi parte. Como dije, faltó la planeación, pero creo que no fue necesario esta vez; la espontaneidad tiene un gusto dulce. Lo siento por ti. Pero la verdad es que no me arrepiento de nada, sé que tu tampoco, e indiscutiblemente me echarás la culpa de esto por siempre. Cuando sabemos que dicha culpa pertenece a ambos. -Se detuvieron. El acompañante dio un cuarto de vuelta, mirándole de reojo.

-Era mi mujer. Yo le amaba. Estábamos bien sin ti…-El hombre se quitó la capucha, con frente en alto y ojos llorosos miraba fijamente a la persona enfrente suyo.-Cuando te fuiste nuestro mundo se iluminó, o tal vez fue ella con su luz la que te opacó, y no lo soportaste.

-Por favor, “tu luz”, otra vez con eso. Era una puta, te engañaba, y lo sabes.

-…no es cierto.

-Te cagó, con ese compañero de trabajo suyo, siempre lo supiste, las sospechas y pruebas siempre estuvieron allí pero te negabas a creerlas. Inepto.

-¡No es cierto! ¡Tú me metiste esas ideas en la cabeza! ¡¡Si alguien tiene la culpa de todo esto, fuiste tú!!

Ahora ninguno sonreía. Los ojos de ambos contactaban con gravedad, fruncían el ceño, como apunto de golpearse y tener una pelea que los llevaría muy probablemente hacia la muerte. La ahora destapada cabeza del hombre ya no podía más. Sentía en la mitad de su cerebro que algo estaba por salir, o entrar. Una presión en forma de inundación, que colapsaría su ego si este se lo permitía.

-Deberías de agradecerme por lo que hice. Aunque para ser honestos, no lo disfruté tanto como lo esperaba. Reducirla fue, difícil. Esperar a que su corazón deje de latir, más aún. Bueno, para qué vamos a entrar en detalles si ya los conoces todos. ¿o no?. -Hubo una larga pausa, de esas que parecen desesperantes e innecesarias. Siguió su discurso.- Siempre me impresioné por la cantidad de cosas que puedes negar, la cantidad de impulsos y emociones que reprimes dentro de ti, cuando sabes que la sociedad en la que te desenvuelves no esta hecha para alguien tan implosivo como tú. Y yo siempre debo de estar allí para ti, atento a prestar ayuda, atento a escuchar y aconsejar, atento a darte uno de esos empujoncitos que necesitas y que la vida simplemente no te quiere proveer. De los cuales por cierto vives quejándote. Sabías de lo que eras capaz, siempre lo supiste, y aún así intentaste tener una vida normal. Patético, eso eres, por negar tu naturaleza. Te dije que ella te cagaba, y nunca quisiste escucharme, hasta que comenzaste a creer. Ahora dime ¿tengo razón?

-…sí. -El hombre volvía a bajar la mirada, empuñando ambas manos a los costados de su cuerpo, a la altura de su estómago. A lo lejos, se comenzó a escuchar el sonido de sirenas pertenecientes a las patrullas de los carabineros. Las manos le comenzaban a temblar.

-Ella te fue infiel ¿cierto? ¿Cuántas veces te lo dije? ¿Mil? ¿Dos mil? Cada vez que salía con sus amigas o con su madre, cada vez que iba a trabajar, etc, etc. ¿Se lo merecía?

-Claro que se lo merecía. Tienes razón. -El hombre comenzaba a sonreír levemente.

-¡Bravo! ¡claro que la tengo! ¡¿siempre pensamos igual no?! -El acompañante abrazó enérgicamente al hombre, que previamente se encontraba lloriqueando, ahora sonreía y se reía de oreja a oreja, secándose los ojos.- Pero bueno, ya debo dejarte, que se le va a hacer.

-…supongo que me visitarás.

-Claro que sí, únicamente existo para ti.

Dos automóviles patrulla de carabineros y un vehículo de detención pertenecientes a la policía de investigaciones llegaban haciendo fuerte presencia, uno deteniéndose a un costado de donde se encontraban ambos, los otros dos esperaron detrás de este, y se bajaron tres uniformados, desenfundando sus revólveres, apuntando hacia el hombre quien se había vuelto a colocar la capucha, queriendo ocultar su rostro. Pero ya era demasiado tarde. “¡Policía de investigaciones! ¡Manos a la cabeza!” Exclamó el oficial, junto a otros dos carabineros. El hombre puso ambas manos a la cabeza, seguido de esto lo redujeron fuertemente contra el pavimento.

-¡Queda detenido bajo sospecha del homicidio cometido contra….-En ese momento el hombre dejo de oír por unos instantes, solo podía sentir como lo empujaban con las manos esposadas con dirección contraria hacia donde se dirigía previamente. Pudo voltear la vista unos instantes, vio como su compañero de caminata se desvanecía en forma de humo, sonriéndole, fusionándose con el mar, la arena, y el aire.- ¡¿Algo que deba decir en su defensa?!

-…cuidado con tus demonios.