Alberto Aguilar Cárdenas: La decepción como impulsora de la literatura

Alberto Aguilar (48) nos muestra una faceta conmovedora del proceso creativo, la decepción. La desesperanza de no encontrar el camino que conduce a una buena historia, la confusión y el posterior terror. Cómo es posible volver después de perder el rumbo.

La decepción absoluta es lo que le ha permitido reiniciarse. Una especie de Control+Alt+Suprimir. Después de años de escribir, y desechar, como si ambas cosas tuviesen que marchar juntas, vino el cuestionamiento, la caída libre. Pero eso no fue otra cosa que el punto de quiebre para hacer una limpieza profunda de todo lo que hasta ahí había escrito y retomar lo que sería su primera novela corta, Diario de un descenso (2003). Una narración existencialista que mezcla la fatídica historia de una mujer de Magallanes que muere de inanición, historia real que descubre en el diario, y su propia vida.

En algún momento me dije que en realidad no servía para esto, que no era más que un deseo, una ilusión, casi como un sueño juvenil”, comentó Alberto. Varios años después, intentando crear una segunda novela, la historia no fue distinta, el proceso lo llevó nuevamente a la desesperación. Pero el intento frustrado se convirtió ahora en la materia prima de su historia, “un tipo que quiere hacer sus obras, pero que finalmente no puede. Es autobiográfica, pero yo no cuento cosas mías, o sea, efectivamente es ficción. Lo que podría decir que no es ficción es la experiencia”.

Luego de publicar La caja vacía (2014), está escribiendo su tercera obra, una novela que él mismo define como mucho más exigente. De la mano de sus días de ensayo y error frente al computador, están las horas dedicadas a dar clases a adultos, sobre temas que no se escapan de la literatura ni del arte en general.

¿Cuéntanos más detalles de cómo nace la historia que cuentas en tu primera novela, Diario de un descenso?

Las cosas lo encuentran a uno. Es un hecho real de una mujer que murió de inanición, quiso morir, una cuestión terrible. Yo vi una foto de ella en La Prensa Austral en los años 90, una figura de estas románticas. Una mujer blanca, pelo negro, abrigo negro.  Me llamó la atención y cuando leí la noticia, era todo muy trágico, muy literario. Esto me reactiva. Investigo algunas cosas sobre ella, con personas que la conocieron y, obviamente, calza con una literatura que leía en ese tiempo, existencialista. Todos los personajes de ese tipo de novelas son bastante reflexivos, quizá por lo mismo, porque de pronto no se ve tanta acción, pero al interior hay una sobreabundancia de análisis. La noticia, lo que investigué, más la literatura y las cosas propias, así se fue configurando.

Hoy estás dedicado casi cien por ciento a la literatura. ¿Ha sido una decisión difícil?

Yo creo que tiene que haber cierta convicción, efectivamente y el apoyo de la gente cercana, de la familia, de la familia de mi pareja también, que siempre han entendido que esta es la actividad que yo hago y no otra cosa. Esa comprensión, de alguna manera, es importante para poder ejercer este oficio. Ahora, también está la convicción, el anhelo, que ojalá esté relacionado con que te vaya bien.

En algún momento me di cuenta que necesitaba desarrollarme como escritor. Me dije que las cosas a medias no resultan. No sé si a otras personas le resultará, pero a mí se me hizo necesario tomar esa decisión. Yo creo que cualquier escritor sueña con levantarse tranquilo, tener todo el tiempo para meterse en el computador y escribir.

Te dedicaste a la docencia, a la edición, pero finalmente decidiste dejar eso y enfocarte en lo tuyo, ¿cómo fueron esas otras experiencia?

Como profesor hice algún remplazo alguna vez, me duró una semana. Me di cuenta que no tenía mucha veta para hacer clases. Me sería muy difícil estar en un colegio lidiando con treinta o cuarenta jóvenes, haciéndoles clases, corrigiendo pruebas, trabajos. No era lo mío. Me di cuenta e inmediatamente cerré esa puerta. Más bien, me aboqué a realizar cursos a gente adulta interesada en el tema. El profe no es alguien que gane mucha plata, pero al menos tiene asegurado un bienestar mensual, porque esto es más riesgoso, uno puede ganar un proyecto, una beca, puede ganar un premio, pero el año que viene puede que no lo ganes. Uno siempre está apostando.

Bueno, para ser precisos, no has dejado del todo la docencia. Realizas algunos talleres…

Estoy haciendo dos talleres en el centro cultural. Uno es un taller de cuentos para adultos y el otro es un taller experimental de filosofía y estética. En otros momentos he realizado cursos de estética, de historia de la pintura, me voy moviendo en esos canales.

Si imaginamos un mapa de escritores regionales de hoy, ¿dónde te ubicas?

Es complicado, claro, por varias razones. Hay escritores que son más conocidos. Hay otros escritores que no son tan conocidos, como el caso mío. Creo que el tema es escribir, hacer un buen trabajo.

Y entonces, más bien,  ¿te sientes cerca de algunos de los escritores que son más reconocidos en la región?

Yo creo que con Christian Formoso tengo una cercanía porque, no sólo fuimos compañeros de curso y amigos, sino porque también compartimos nuestras primeras lecturas, leíamos los mismos libros, escuchábamos la misma música. Intercambiamos cassettes, poesía, libros. Con el tiempo él se fue abriendo camino y yo también uno propio. De alguna manera, aunque son géneros distintos, me reconozco en algunas cosas que él hace. Me imagino que él también, sé que le gusta mucho el trabajo que yo hago. En el caso de Pavel, por ejemplo, él viene de otro mundo donde lo político y  lo social era mucho más denso. En el caso de Oscar, tiene otros referentes. Si tuviera que nombrar a algún referente, creo que es Christian.

A propósito de tu época de escolar, lo viviste en el Liceo San José. Como ex alumno, ¿cómo vives  este destape  de abuso a niños y jóvenes?

Cuando yo estudié en el San José no viví nada de esto. Me parece que hay una cuestión, no solo de delito, sino también de cinismo muy grande, de escudarse tras una institución para que ellos puedan hacer ciertas cosas. Más encima una institución religiosa, que dentro de sus postulados está justamente el bien del prójimo, el amor a todos. Entonces, efectivamente, todo lo que está pasando lo encuentro de un cinismo, de una inconciencia bastante grande.

Y sobre la religión, ¿cuál es tu postura hoy?

En un momento terminé rechazando firmemente la religión y creo que ese fue el momento en que desperté a hacer cosas más artísticas para tapar ese hueco que había dejado la religión. Ahí comencé con la música, con la literatura. Ahora con el tiempo, con los años, luego me reencontré con la religión a través de la literatura, justamente. A través de leer algunos novelistas católicos o protestantes.

Alberto, qué nos puedes contar sobre tu trabajo literario de hoy, ¿qué estás preparando?

Me di cuenta que quería salir un poco del formato breve, quería, efectivamente, despegar la imaginación, la creación, el desarrollo. Siento que uno no es solamente un tema, que uno no tiene sólo una motivación. Entonces estoy trabajando en una novela. Llevo como cuatro años más o menos. Desarrollé escenas y situaciones, hasta que llegó el momento en que me enredé. Las cosas se pusieron muy complicado porque me daba cuenta que no podía avanzar, que solo me enredaba. La misma novela comenzó a transformarse en una especie de puzzle. Pero ese tiempo oscuro pasó y salí más rápido.

¿Y saliste más rápido que en tu primera novela porque ya tenías la experiencia y mayor madurez, o no pasó por ahí el tema?

Voy a contar una infidencia, el texto se lo pasé a mi pareja, ella no es escritora ni nada por el estilo, pero sí yo le iba contando lo que iba escribiendo, así que estaba al tanto de todo. Cuando me vio bastante angustiado me dijo que se lo pasara, yo lo imprimí y se lo pasé.  Ella lo leyó y me dijo: oye, esto puede ir por acá o allá y logró lo que yo no podía, ordenarlo. Pero claro, cuando uno esta muy cerca de algo se va enredando. Recuerdo que me dijo tres o cuatro cosas y con eso pude darle el orden que necesitaba para seguir.  

Creo que con esta novela ya hay más elementos que no me había animado a tocar antes. El tema sexual por ejemplo, que por ahí lo insinué pero tampoco lo desarrollé mucho. Ahora, abiertamente me destapo, empiezo a narrar situaciones eróticas y sexuales. En ese sentido estoy bastante conforme con lo que estoy haciendo. Ahora no sé que va a pasar, no depende de mí, depende del lector.