Eduardo Yañez Rivas: “Es necesario que hayan visiones distintas, disruptivas, incluso que molesten”

Eduardo es un cabro joven, apasionado por la música y la literatura pero que, como muchos, siente que tropieza demasiadas veces con una sociedad que ha perdido su espíritu. A ratos parece que se le nubla la vista, y le pone mala cara a una historia que estamos construyendo sin mirar lo que realmente importa: la música, un buen café, la literatura…

La merecida muerte de un maseta es el primer libro de Eduardo, cuyas 50 páginas nos llevan a relatos plagados de personajes torpes, equívocos, hasta miserables. 10 historias donde la idea central es el error como motor existencial, el tropiezo constante.  El error y horror en sus personajes nos llevan a una constante desesperación, la misma que dice haber estado sintiendo cuando escribió los primeros cuentos de su libro.

Eduardo Yáñez nació en agosto del 81 en Punta Arenas. A los 18 años se fue a vivir a Valparaíso para estudiar filosofía y posteriormente, cuando terminó la carrera, vivió un par de años en Santiago. El trabajo lo trajo de regreso a Punta Arenas y su presente está ligado a la docencia en un destacado liceo de la ciudad.

A los 15 o 16 años comenzó a escribir, pero fue mucho antes cuando incursionó con las palabras, a través del rock, de su banda y la letra de canciones. Dice que “el germen de todo fue el rock, primero la guitarra después los libros”. Porque las artes no son excluyentes.

Fue el poeta maldito, Arthur Rimbaud, el que lo inspiró en primera instancia y luego el mismo Nietzche, quien “me voló el mate en cuarto medio”. Sartre también ocupa un espacio de privilegio entre sus inspiradores. Pablo de Rokha, Enrique Lihn, Roberto Bolaño, los chilenos que lo provocaron. También Cortázar, Dostoyevski, “son viejos bien seductores”.

A propósito, ¿cuánto hay de Roberto Bolaño en tus relatos?

     Hay… demás. Cuando conocí a Bolaño y lo empecé a leer, yo también estaba en una etapa en la que comenzaba a ser consciente de que quería escribir, que quería tomármelo en serio o dedicarme a eso. Bolaño es un animal literario, que tiene todo ese rollo de jugársela a muerte por la literatura y es muy inspirador en ese sentido.

¿Crees que, de alguna manera, la muerte de Roberto Bolaño fue el fin de una era, de una buena época para la literatura chilena?

     No, yo creo que su muerte no cerró nada. Al contrario, creo que abrió mucho. Por lo que te decía recién, primero porque es muy inspirador en su forma de abordar la literatura. Y además, sobre todo, por esta vida de poeta que llevaba Bolaño, que se reconocía primero como poeta y después como escritor. Lo de jugársela con todo por la literatura, estar dispuesto a morir, incluso, es súper romántico. Hay muchas generaciones inspiradas por ese Bolaño.

Después de 15 años de su muerte, a tu juicio, ¿ha aparecido alguien en Chile que inspire de esa manera?

     Yo sigo pegado con escritores más antiguos. Lo poco que conozco de hoy, no sé, Zambra, Bisama… los encuentro buenos, pero no me impactan, no me generan. Igual Bolaño tiene una manera muy especial de hacer narrativa. No sé si va a nacer un nuevo Borges, un Cortázar…

MAGALLANES NO ESTÁ EN PAUSA

¿Hay movimiento cultural en Magallanes, se nota que están pasando cosas?

     Sí, hay movimiento. Yo desde chico estoy metido en tocatas y actividades de ese tipo. Hace por lo menos 10 años que me ha sorprendido la cantidad de bandas que hay en Punta Arenas. Probablemente tiene que ver con el frío, con que te dan ganas de encerrarte a hacer música. Hay harto rap, rock, hasta reggaetón se está haciendo en Punta Arenas.  Más allá del estilo, que haya esa motivación, está bueno. En la literatura, por su naturaleza, la dinámica es distinta a la de la música, me da la impresión que se evidencia de otra manera. Creo que  es un poco cerrado sí. Quizá no se difunde tanto.

¿Pasa porque el círculo de escritores es cerrado?

     No, no creo que pase por ahí. Creo que en general, la que conozco que está ligada al tema, está muy dispuesta a colaborar. Te estoy hablando de Pavel Oyarzún, de Óscar Barrientos, de Robinson Vega, que es profe de lenguaje. Gente súper motivada, queriendo hacer cosas…. Siempre hay gente que está tratando de hacer cosas en literatura, pero creo que hay menos visibilidad. La gente lee poco libro, hay poco tiempo de leer, también pasa por ahí.

Hay poca gente leyendo, y parece que hay mucha gente publicando…. ¿Crees que es así?, ¿por qué?

     Sí, yo igual creo eso. De hecho hay un montón de editoriales independientes. Antes era mucho más exclusivo, mucho más difícil publicar. Hoy se lee poco porque la realidad es muy visual, se está muy preocupado de los objetos y cuando hay tiempo uno hace otras cosas. El sistema en el que estamos no permite que las ideas circulen mucho. Por las mismas mecánicas de producción en la que estamos, que absorben tu tiempo y que dejan muy poco a esto otro. Además el libro tiene mala fama. Uno piensa en un libro y dice, ¡qué lata!

¿Cuánto de eso tiene que ver con cómo nos han formado?

     Bueno, hoy los colegios están más interesados en los resultados de la PSU que de otras cosas.  Vuelvo al tema de la productividad. La gente tiene muy metido ese rollo, entonces parece que las acciones que no son productivas, parecen menos importantes. Como la filosofía, la literatura… esa es una ideología del sistema capitalista.

Ahora, este sistema no es solo económico, se ha enraizado en nuestra vida completa. Desde dónde y cómo se da la pelea para que la literatura o la filosofía no mueran.

     No sé si haya una forma, de seguro hay varias y creo que ahí los profes tenemos un rol importante. Por lo tanto, lo que se necesita es formar profes con una visión distinta. Todo surge desde la Universidad que es donde te forman para formar a otros.  Hay profes que le están dando una vuelta a esto y que están motivados con hacer cambios. Yo tengo una visión un poco pesimista de lo que uno pueda hacer, ni siquiera como profe. En mi caso, trato de hacer algunas cosas como padre y en mis clases de filosofía trato de transmitir la búsqueda de otras formas.

¿Cómo vives con esta idea de querer hacer cambios y la desconfianza de que se logre?

     Para mí es un choque constante contra murallas, porque por un lado me doy cuenta que hay cosas que están mal, muy mal. Intento hacer algo, pero al final choco con esa muralla que son las demás personas que no están ni ahí, que tampoco hacen nada, que no entiende, que no quieren entender, que no piensan mucho…. Y uno termina aislándose.  Es complejo, yo a veces lo veo con mis colegas y estos locos están formando cabros y son más tontos, no cachan nada, siguen reproduciendo ideas gastadas, que no son de estos tiempos. Ahí es cuando me pongo mis audífonos y sigo.

¿Los más jóvenes, tus alumnos, están leyendo?

     Sí, hay hartos chicos que están inquietos, que escriben, que andan buscando, que están motivados con estos temas. Hay chicos que participan de talleres e incluso hay quienes están interesados en estudiar carreras tan poco populares como la filosofía o arte. A mí me alegra porque tiene que existir eso, es necesario que haya esa otra visión, disruptiva, incluso que molesta, tiene que estar. Ahí están los cabros, especialmente chicas. Hay muchas chicas motivadas en ese sentido.

¿Por qué crees que estas nuevas generaciones de mujeres están más interesadas?

     Creo que la mayor visibilización del feminismo ha jugado un rol importante. A partir de ese empoderamiento, del entendimiento de quiénes son. Me parece que son muchas las que andan en una búsqueda a partir de esas ideas, incluso criticándolas, o no creyéndoles tanto, pero sí a partir de ellas. Esa podría ser una razón.

"LA MERECIDA MUERTE DE UN MASETA ES LA MERECIDA MUERTE DE TODO HUMANO PENCA”

¿Costó mucho que tu libro vea la luz?

     Costó, no me pescaban mucho. Cuando conocí a Gustavo Bernal, el editor, estuvo como un año trabajando en el libro y me gustó como quedó. Ya me estaban molestando estos trabajitos ahí. Ahora que lo terminé puedo pensar en otras cosas. Estoy constantemente superado por el poco tiempo que me queda para escribir algo y cuando lo tengo no llega la inspiración. Es complicado, cuando se me ocurre algo, lo anoto inmediatamente. Puedo estar cinco meses con un cuentito de cinco páginas y no avanzo, no avanzo…

¿Cuánto tiempo trabajaste en tu libro?

     Un montón. Hay como dos relatos que son de por lo menos 8 o 10 años. De cuando viví en Santiago. Es bien autobiográfico, mezclado con harta ficción, pero hay harto elemento de lo que yo estaba viviendo en ese tiempo. El hecho de ir a pedir pega y que a la gente le parezca raro que seas de Punta Arenas, hay cuentos de ese tiempo. Los otros relatos, los más nuevos, deben ser de hace unos dos años.

¿Cómo sientes que ha ido cambiando tu narrativa?

     Me empecé a dar cuenta que lo autobiográfico y todo el rollo de la desesperación que está presente en este libro, es parte de una etapa, tiene que ver con cómo me sentía yo en esos tiempos, de cómo enfrentaba la vida, tal vez. Hay un tema bien oscuro ahí, la decepción, porque también era un cabro de veintitantos años, que estaba saliendo de la U y que se enfrentaba al mundo real, de adulto y que no me gustaba. De hecho nunca me ha gustado pero ahí te dabas cuenta que esa intuición que tenías, era cierta, que el mundo es maceta.