Nicanor Parra, el antipoeta

En homenaje al más grande, queremos reproducir una entrevista entre Amanda Puz y el antipoeta en enero del año 1969, donde conversaron exhaustivamente de su vida como poeta y catedrático:

 

En sus horas habla exhaustivamente como poeta, como hombre y como catedrático…

Por Amanda Puz / Fotografía: Sergio Larraín

“Yo no tengo ningún inconveniente en meterme en camisa de once varas”

De versos de Salón

Nunca ha tenido ningún inconveniente en meterse en camisa de once varas. Ni cuando decidió, hijo de un hogar pobrísimo, entrar a la Universidad y transformarse en “el primer cosmonauta de la familia”. Ni cuando revolucionó a la poesía chilena con su antipoesía.

“EI antipoeta es declarado personano grata
hablando de peras el antípoeta
puede salir perfectamente
con manzanas, sin que por eso el
mundo se vaya a
venir abajo. y si se viene abajo,
tanto peor…”

Tanto peor si vuelve a meterse en camisa de once varas y de paso pierde a otros desconcertados lectores, con la puesta en circulación, en Chile y en Estados Unidos (edición trilingüe: castellano, inglés y alemán) de sus comprimidos y explosivos artefactos.

A propósito de los poetas, Benedetti escribió: “…los que mortifican su lugar y su tiempo, aunque sean talentosos, deben trepar una dura cuesta. Pero se imponen y ningún futuro tiene el derecho de olvidarlos. Son una suerte de profetas aparentemente corrosivos, que en el fondo extraen su increíble energía de un impulso moral. Sé de un mortificador poeta chileno que sube aquella cuesta…”

Voy en busca de este mortificador poeta con la misión perturbadora de entrevistarlo. “Un hueso duro de roer este Nicanor Parra”. “No te va a recibir, le carga que lo entrevisten”. En la noche tengo pesadillas y me lo figuro, más que un antipoeta, antipersona. Son poco más de las 9 de la mañana. En el Pedagógico, el portero me recomienda: “apúrese, acaba de irse”. Corro y lo alcanzo. Me desconciertan su mirada penetrante y amable y su voz suave y serena.

“Descanse primero y después me dice todo”. No pone reparos y cuando, después de esperar que retire su correspondencia, le sugiero fijar una hora, me toma suavemente del brazo y responde: “Ya estamos trabajando…”

Y de ahí hasta después de las 3 de la tarde conversamos ininterrumpidamente. Es una experiencia vital, impagable, todos los sentidos alertas para escucharlo, comprenderlo y tratar de captar con fidelidad su pensamiento y la manera inigualable y lúcida de expresarlo.

Camina lentamente, con una velocidad inversamente proporcional a la de su pensamiento. Él también pregunta, no es posible hacer trampas. “¿No lo cree Ud. así? ¿Conoce esto o aquello?” Y hay que contestarle la pura y santa verdad.

Lo primero que puntualiza es que es un tipo en permanente conflicto con el medio, con la gente, porque es la única manera de estar vivo. “Cuando uno empieza a estar de acuerdo con todo, se deja estar y no produce”. Quiero saber si siempre ha sido así. “Sí, desde niño tuve la intuición de que sólo de ese modo podía lograr algo”. Pero es que es tan admirado, tan famoso…

“No cuando se trata de reconocer méritos, de darme ciertos estímulos. ¿Comprende usted a qué me refiero?”

Camino a la reina.

Vamos en su Volkswagen blanco a su casa de La Reina, un paraíso verde de cipreses, piedras y caprichosos senderos. En el trayecto habla de su poesía, de sus hipotéticos lectores (no sabe quiénes son aunque le gustaría saberlo), de sus alumnos. “Tengo buenas relaciones con ellos. No de maestro a discípulo, ni de viejo a joven, sino de persona a persona”.

Tiene pocos amigos. “Cuando veo que la amistad no es verdadera, la cancelo de inmediato. También corto cualquier acercamiento que no me satisfaga”. Le agrada estar solo. “La vida social me cae mal, me deja un sabor agridulce. La alegría intelectual del trabajo científico sí que es alegría pura”.

Es profesor de Matemáticas y Física en el Pedagógico.

La gente cree que poesía y ciencia no pueden ir juntas.

– Eso creen pero no tienen razón. La poesía es una toma de conciencia en diferentes planos. Si no se toma conciencia del plano científico, quedará al margen de lo intelectual y sólo se aprehenderá una parte del ser. La disciplina científica no puede sino reportar beneficios.

– ¿Y qué pasa con los poetas no científicos?

– No sólo los poetas sino los hombres que no practican una disciplina científica son hombres mutilados.

Podrán ser seres extraordinarios pero mutilados.

Claro que hay que ganarse el puchero. Lo reconoce y celebra que así sea porque “no podemos quedarnos
al margen de la vida”. Pero concibe una sociedad ideal en que se consultara al poeta lo que quiere hacer. “Y no sólo al poeta; a todos los hombres”.

– A lo mejor todos querrían ir en una misma dirección.

– De todo hay en la viña del Señor. Lo terrible es que a un hombre lo pongan en algo que le repugna. A mí no me sucede eso menos mal, pero al principio no me fue tan bien.

– ¿Por qué eligió las ciencias físicas?

– Por lo difícil. No me gustan las cosas fáciles.

Estudiaba “por instinto: para salir del subdesarrollo doméstico y material”. Eran pobres. “Mis abuelos fueron pequeños burgueses. La baja se produjo en la generación de mis padres”. Él era profesor primario y ella costurera.

No soporto las anarquías.

La entrevista es entre sauces y cipreses, caminando senderos mil veces caminados, sentados en un tronco, en la terraza almorzando un causeo delicioso; en la quietud religiosa de esta cabaña llena de recuerdos de Violeta, la hermana fallecida. Casi no tomo apuntes. El poeta se entusiasma y me entusiasma respondiendo, de repente suelta la carcajada, joven, ancha y blanca. Especialmente cuando encuentra, una palabra justa, que dé en el clavo. En el trayecto se ha referido a la anarquía en el mundo de hoy. Ahora cambia de posición las sillas de la terraza, simétricamente. Riendo explica: “Así están mejor. ¿Se da cuenta? –No me di cuenta como estaban antes–. “Al lote, una pura anarquía”.

– Un caos.
– No, un caos no. Una anarquía. Es distinto. El mundo nació del caos, luego se produjo un ordenamiento, después un desordenamiento hasta llegar a la anarquía de hoy. No soporto las anarquías, el hombre debe tratar de ordenar, de tomar arte y parte en este ordenamiento.
– ¿Y hay ordenadores jefes?
– Fidel Castro en el plano internacional.
– ¿Y en Chile?
– Por lo que dicen los diarios, hay varios.

Solamente los domingos compra diarios: “La Nación”, “El Mercurio”, “El Siglo”. Lee los títulos, la crítica literaria y los avisos económicos. “¿Por qué será? Es un misterio cosmográfico. Más bien por una especie de deseo de encontrar una curiosidad a precio de huevo”. Le menciono el caso del Mercedes Benz que una mujer despechada vendió a ese precio. “Ah, no. No un Mercedes Benz. Me refiero a un stradivarius o a algunos incunables”.

Una pausa: el poeta va a la cocina y prepara un yogurt para él y una limonada para mí. Aventuro algunas preguntas más personales:

Dicen que tiene tantos libros como matrimonios…

“Benedetti dijo que usted tiene tantos libros como matrimonios…” “Sólo dos. Diez años duró cada uno”. (Anita Troncoso, Inga Palmen). Tiene cuatro hijos: Francisca (Panchita vive en una cabaña contigua); Catalina, casada con el poeta Ronald Kay; Alberto Nicanor (21 años, marino en un barco mercante en Noruega) y Ricardo Nicanor (un año). Se pone un poco triste cuando cuenta que no está con él desde hace un mes. Tampoco el perro Violín que le dio Violeta una semana antes de morir. Se fue con el niño porque es su regalón. “Ahora estoy solo”. Muchas veces a lo largo del día reitera que está solo: “Solo con Newton, Einstein, Galileo”.

Aprovecha para poner los puntos sobre las íes. No le gustan las entrevistas. Detesta que se metan en su vida privada, que le quiten horas al estudio, a la investigación, a la poesía. Pero hoy está de buen humor, ha hecho una clase buena y a lo mejor le he caído bien. (Prefiero creer esto último).

Ahora es necesario hacerle el quite al sol y ponerse un sombrero blanco mexicano porque ya lo está molestando esa alergia fregada que lo obliga a arrancarse de Santiago en verano.

Definiendo la poesía.

El poeta publica con éxito en Estados Unidos, Inglaterra y goza de una sólida reputación en Latinoamérica. Muy pronto su obra verá la luz en Italia. En Chile los jóvenes poetas lo respetan. Uno de ellos explicando su asistencia a un recital de Parra decía irónicamente: “Hay que estar in”.

Pero no fue así antes. Recibió junto a muy buenas críticas, algunas diatribas que hicieron famosos a sus autores. Cuando dictó una conferencia en el Poentry Center de Nueva York, viendo que todos los poetas eran presentados con borbotones de alabanzas, a Nicanor se le ocurrió que se leyera, en cambio, los más escogidos ataques. De Pablo de Rokha”; “Un snob plebeyo y populachero”; del Padre Salvatierra: “Demasiado sucio para ser inmoral. Un tarro de basura no es inmoral, por muchas vueltas que le demos a su contenido”. Recibió una ovación.

"JUNTOS PERO NO REVUELTOS"

Le gusta de vez en cuando salirse de madre. Como esa vez que renunció a un cargo universitario con una nota que causó revuelo: “Juntos pero no revueltos. I came like water, like wind I go (Llegué como el agua, me voy como el viento)”. Cuenta: “El rector me devolvió la renuncia y me mandó otra redactada por él. Se la devolví con el mensajero: no podía renunciar dos veces”. Ahora mismo, mientras lo entrevisto, le llega una carta del presidente de la Sociedad de Escritores pidiéndole que sea jurado en un concurso. Improvisa ahí mismo una respuesta negativa y se lee el gozo en los ojos cuando escribe:

“Mi religión me lo impide”.

Ha publicado cinco libros: “Cancionero sin nombre” (1937), Premio Municipal de Poesía; “Poemas y antipoemas” (1954); “La cueca larga” (1958); “Versos de Salón” (1962); “Canciones rusas” (1966). Y ahora sus “Artefactos” todavía inéditos al cierre de esta edición.

El poeta piensa que la poesía le ha quitado muchos años de vida pero lo que más lo ha hecho sufrir es el trabajo científico. “La ciencia requiere una gran disciplina y una comprensión cabal. Es un trabajo de titanes revisar todo lo que se ha hecho, empaparse de la filosofía de los hombres de ciencia. He dejado en esto la suela de mis zapatos. En la poesía se trabaja más bien con un método de adivinación”.

– Dicen que usted fue el primer poeta que logró salirse del camino nerudiano.
– ¿Eso dicen? Bueno, si es efectivo ocurrió previa asimilación de la poesía de Neruda. La antipoesía pasó por la poesía nerudiana.
– ¿Y fue bueno?
– ¡Por supuesto! ¡Política y humanamente! Somos muy amigos, es una amistad basada en el afecto y en la comprensión intelectual.
– ¿Escribió alguna vez poesía nerudiana?
– No me dio el cuero. Más bien sufrí el complejo del padre con respecto a él. Traté de zafarme desde que tuve uso de razón. Era el padre que aparecía ante el hijo como demasiado poderoso. A lo mejor sigo sufriendo…

– Pero llega un momento en que el hijo se da cuenta de que el padre no era tan poderoso.
– No en este caso. Sigue siendo poderoso. He pasado por momentos de negación para llegar después a una afirmación mayor. Sin Neruda, Huidobro y Mistral no hubiera habido antipoesía.

A trancazos cuenta cómo nació la antipoesía.

– Me llamaba la atención que los poetas, por grandes que fueran, no usaran el lenguaje corriente. Sospeché que había gato encerrado. Mis primeras investigaciones literario-filosóficas las encaminé en esa dirección: por qué el lenguaje literario tenía que ser distinto al lenguaje hablado. Y llegué a la conclusión de que no tenía por qué ser diferente. Por el contrario: cuando ambos coinciden resulta que la mitad del trabajo del poeta está hecho.

El lenguaje hablado tiene vitalidad propia y el poeta no tiene más que captarla. El segundo paso era incorporar la expresión literaria a la poesía. No quedarse sólo con el lenguaje hablado. Como la concibo hoy, en la antipoesía tiene que estar el lenguaje de la calle y el lenguaje de los libros. El primero nos indica que estamos bien plantados en lo que se llama el ahora y el aquí, con el segundo nos aseguramos la comunicación con el ayer.

Pero el problema de la antipoesía tiene otra faceta:

– También me extrañó que los poetas seleccionaran nada más que la parte grata de la experiencia humana. Alimentándose de los sentimientos nobles, se había llegado a una especie de convención poética. Concluí que no era indispensable hablar sólo de cosas bonitas, por el contrario, había que dar las cosas feas, el aspecto negativo del mundo. Impresionado por este descubrimiento, parece que al principio exageré la nota. Pero estuvo bien; había que exagerar por razones de estrategia. Ahora estoy convencido de que las cosas deben ser de otro modo: mitad sal, mitad arena. La realidad es así: oscilamos entre los contrarios. La poesía tiene que ser una síntesis de los contrarios. Es la fórmula por antonomasia de la vida. En la vida están entretejidas las experiencias agradables con las desagradables. La poesía es vida en palabras. Es la única definición de poesía que puedo dar.

Es un poeta de la claridad: ve claramente qué podrido está el mundo.

Profetas y cogoteros

Fernando Alegria, explicando por qué Parra se considera un poeta de la claridad, decía: “¿Qué es la claridad? Ver claramente qué podrido está el mundo…” Ve lo feo de la vida pero casi siempre con un humor incomparable. El mismo Alegría explicaba: “El humorismo es su geeto más eficaz. Si se ríe es porque su confianza está puesta en otra parte, es porque ha colocado todo el capital de sus esperanzas en una empresa que justifica esa risa…”

La empresa de Parra fue desde el principio remecer la poesía tradicional.

Dice: “A los literatos le pueden pasar tres cosas: marcar el paso, quedarse atrás o ser profetas. Yo no quería ser un tipo que marcara el paso, ni quedarme atrás, preferí ser profeta. No siempre las épocas son propicias para las profecías. Algunas tienen que conformarse con seguir viviendo con los valores establecidos. Felizmente me tocó vivir un momento en que los valores de la poesía estaban en descomposición”.

Habla de sus libros. A cada uno le da la importancia de un dedo de una mano (son cinco). No tiene un sistema para escribir: “A veces se escribe automáticamente, otras a conciencia. Entre esos dos límites he pasado por todos los puntos intermedios. Por eso yo le digo a los poetas jóvenes: ‘escriban como quieran/ ha pasado demasiada sangre bajo los puentes/ para seguir creyendo –creo yo–/ que sólo se puede seguir un camino/ en poesía se permite todo'”.

– ¿Está arrepentido de algo?
– Pound dice que está arrepentido de todo lo que hizo. Yo no he llegado todavía a ese momento sublime.
– ¿Tiene enemigos?
– Enemigos no, cogoteros sí. Gonzalo Rojas, por ejemplo. Fuimos muy amigos, es el caso patético de un amigo que se transforma en enemigo. Otro es Carlos Droguett. Aunque no. Es sólo un aspirante, no tiene condiciones para ser cogotero. ¿Otros más? A ver, a ver, ¿a quién ponemos al descubierto? Bueno, había otro, pero está muerto. Quieren robarme la billetera pero siempre llevo muy poco en los bolsillos.

Artefactos

“USA. Donde la libertad es una estatua”. Sus artefactos son demoledores. Explica cómo nacieron:

– Ah, fíjese que siempre estuvieron presentes. De repente me interesé en esos minipoemas que son los artefactos, los vi bajo una luz especial. Son breves y polivalentes. Anote para que no lo olvide, cuesta tanto encontrar una palabra justa que no hay que desperdiciarla. A fin de cuentas, la poesía no es más que eso: encontrar las palabras justas. Siempre hago anotaciones en un cuaderno, muy breves, por falta de tiempo. Son muy comprimidos. Los artefactos no son sacados de la nada, nacieron de la explosión de la antipoesía. Todos salimos ganando: el poeta no tiene que hacer grandes odas, escribe lo que quiere en dos o tres palabras y luego se va con su rodiflex a otra parte.

Dos artefactos más: “ACLARACIÓN”: Fallecer es un hecho denigrante/suicidarse es actuar.

HAY CORTESÍAS QUE MERECEN PALOS: Digan abiertamente se mató/ se suicidó de un tiro en la sien.

Hablando de Violeta la conversación se torna dolorosa. Se hacen más profundas las arrugas del rostro moreno y viril y los ojos se nublan, la voz se hace queda. Parece que el dolor se toca.

– No podemos preguntar por qué se mató. Ese es un asunto personal. Ángel lo dijo apenas lo supo: el suicidio de mi madre es respetabilísimo, y la atañe nada más que a ella. Me hace mucha falta mi hermana. Ella dijo una vez: sin Nicanor no hay Violeta.
– ¿Y sigue habiendo Nicanor sin Violeta?
– Yo era el hermano mayor, yo iba quitando todo lo malo del camino de ella, como un monitor.
– ¿Se suicidaría usted?
– Soy demasiado cobarde al dolor físico y metafísico. Además la vida es demasiado preciosa. Es difícil analizar el suicidio: el tipo que lo analiza está en sus cinco sentidos, el que se suicida está en sus dos, o en sus siete.

Nicanor vive sumergido entre recuerdos de su hermana. Entre arpilleras que son obras de arte geniales, algunas inconclusas. Siempre sereno y calmado, hay ira en su voz cada vez que recuerda las ingratitudes de la gente con Violeta. Habla de demandar a alguien que tiene telas de la muerta y se hace el desentendido, y me cuenta cómo Carlos Pedraza la tramitó para que no expusiera en el Bellas Artes.

La casa está ordenada. Es su hija Panchita la que se preocupa. Una cabaña con muebles antiguos, vividos, con personalidad. Un enorme sofá de familia muy gastado, una salamandra increíble, muchos libros, ni un rincón desperdiciado. Un teléfono del año ñauca. Se levanta y da vuelta la manivela: suena alegremente. Me dice: “A veces hablo por él. Llamo a Violeta”.

– ¿Y logra hablar con ella?
– No. Siempre marca ocupado.

“EN EL AMOR, HAY QUE HACER LAS JUGADAS REGLADAS"

Del amor

Tengo suerte. El poeta está locuaz. De alguna manera la charla llega a lo amoroso. Algo muy importante si se trata de Nicanor Parra.

Ha tenido muchas mujeres: “Algunas me han dejado. A otras las he dejado yo, pero ya ve, estoy solo. Lo que pasa es que en amor hay que hacer las jugadas regladas. Cuando me he ido por otro lado, he fracasado. Ahora no quiero amoríos, sino algo definitivo”.

Dice que está bien porque la pasión impide la creación: “Lo mejor es vivir como un asceta. En Rusia estuve seis meses viviendo como un monje y fue uno de mis períodos más fértiles”.

– Es difícil vivir con otro: que me quedé de juntar contigo en el centro y no llegaste, que no me miraste cuando entraste. Ah, y los celos. Uno siente celos de ella y ella de uno, y un buen día le dicen que estuvo en la casa de la mamá y uno descubre que no estaba allá y se queda pensando dónde está ésta y se amarga y se friega y no piensa más que en eso. Ah no. De repente se produce la explosión y vuela todo.
– Tal vez usted sea un hombre difícil.
– Soy el hombre más simple de la tierra. Me doy completamente y no traiciono. Pero la otra persona cree que no estoy dando nada.

Sin duda el poeta no quiere nada con el amor en estos momentos. Rechaza cualquier posibilidad. Pero deja inteligentemente una puerta abierta: “Hay que terminar con lo que uno está metido y luego empezar de cero”.

Y del amor pasamos a su trabajo como catedrático. Más bien a sus líos innumerables con las autoridades universitarias. Recuerdos entretenidos: aquella vez que obligó, pistola en pecho, al decano que le construyera un local nuevo para el departamento de Física y Matemáticas. Esa otra vez que los alumnos querían echarlo: “Llegué de Estados Unidos y empecé a enseñar todas las cosas lindas que había aprendido. Anotaba como loco en el pizarrón. Ah, qué clases más buenas. Y un buen día me aburrí y dije a los alumnos: ¿Entienden algo de esto? No, me contestaron. Yo tampoco, les respondí. Y de ahí en adelante me transformé en estudiante, no les enseñaba nada porque nada sabía. Pero un día los alumnos dijeron: basta de Nicanor Parra. Estamos aburridos, llevamos diez años soportándolo.

Ahora es investigador, el único profesor del departamento que tiene esa categoría. Dice que salió ganando con la Reforma. Está feliz y hasta se ha dado el lujo de inventar un ramo; la Mecánica Natural, que los estudiantes llaman la Antimecánica.

En un dos por tres su hermano Roberto, el compositor, que trabaja de jardinero en la casa de Nicanor, ha preparado el almuerzo. Nicanor se luce imitando a su hermano Chepe que habla a un interlocutor inexistente, la señorita, con una voz divertidísima muy especial: “señorita, yo no puedo entender este asunto de la Trinidad; tres personas distintas y un solo Dios no más. Cómo va a haber, mi señorita, tres personas en una sola”. El poeta improvisa y el almuerzo se transforma en un juego divertidísimo que dan ganas de seguir. Pero esto da para otra crónica…

Fuente: http://www.paula.cl/reportajes-y-entrevistas/nicanor-parra-el-antipoeta/