Javier Lavanchy Verdugo: “Se lee poco porque la literatura necesita un esfuerzo intelectual importante”

Es el segundo escritor más jóven de la Sociedad de Escritores de Magallanes. Gran parte de su vida la ha dedicado a las letras, entre talleres literarios y horas sumergido en la creación de  poesía, cuentos y novelas. Javier Lavanchy Verdugo, estudiante de Derecho y devoto de la literatura, es el nuevo entrevistado de Sensini.

Con cara de niño, gestos de adulto y frases de un hombre longevo, nos recibe Javier Lavanchy. Joven, escritor, poeta, estudiante, hijo de psicólogos y bisnieto de inmigrante. Nos sentamos a la mesa con un hombre que tiene distintas edades. Nació en Santiago, hace no mucho, en 1994. Tuvo en su niñez tantos cambios de casas que, incluso, de algunas no recuerda nada. El año 2001 llegó a Punta Arenas, justo a tiempo para comenzar primero básico, ciudad que marcó la estabilidad no sólo para él, sino también para su familia.

Su presente es de estudiante de Derecho en la Universidad de Magallanes, luego de un paso por la Universidad Adolfo Ibáñez, la que tuvo que dejar por temas económicos.

Con dos padres psicólogos, ¿no pensaste en seguir sus pasos?

     La verdad es que siempre me llamó la atención la Psicología. Un profesor, amigo mío, me preguntó por qué Derecho y no Psicología. La respuesta fue muy simple: porque necesito comer, profe. Mis padres lo vivieron en carne propia. Mi familia era de esas que comían con mil pesos diarios. Encontrar trabajo para un psicólogo no es fácil y menos un buen trabajo. Derecho me pareció una mejor carrera, con más opciones laborales.

Te fuiste a estudiar a Santiago, ¿por qué volviste?

     Fue una mezcla entre problemas familiares y problemas económicos los que me trajeron de regreso. Me fue imposible seguir estudiando allá. Entonces volví y este año estoy en cuarto. Si todo sale bien debería salir el 2020.

Javier se enorgullece del buen alumno que ha sido toda su vida, hasta hoy. Cuenta que es un poco “ñoño” y comenta con una mezcla de risa y vergüenza que “tengo lo bueno de un ñoño, no lo malo. Soy muy sociable, tengo harta vida social”.

Ahora, vamos al tema que nos convoca, ¿cómo ha sido este camino en la literatura?

     Todo comenzó para un 18 de septiembre con una paya. Más adelante, en segundo medio, estábamos viendo poesía en el colegio y recuerdo que hice un poema como de tres páginas. Tuve que leerlo y cuando levanté la vista, mis compañeros estaban con caras de sorprendidos y vi a la profesora que se le escapaban un par de lágrimas. Después de eso vinieron los talleres de literatura, donde comencé a escribir con mayor regularidad y también empecé a leer más. Me inicié con poesía, experimenté con los cuentos y me quedó gustando. Ahora estoy escribiendo una novela, no la he terminado, pero de lo que llevo me gusta y gusta también.

¿En qué momento comprendiste que seguirías escribiendo, que éste no era un pasatiempo de niño?

     En 2010 me invitaron a una presentación de escritores jóvenes en el café Imago. Ahí recibí una invitación para asistir a un taller que impartían Óscar Barrientos y Christian Formoso. En ese taller también conocí a Pavel Oyarzún. Comencé a encontrarme con chicos de mi edad, chicas y chicos que les interesaba la literatura como algo más que un hobbie. En ese taller estuve hasta fines del 2012.

Después del taller literario en Punta Arenas, en su estadía en Santigo, participó de un pequeño, pero significativo, grupo encabezado por el poeta Floridor Pérez. “Un hombre con gran sabiduría”, recuerda. Así como también tiene muy presente sus buenas críticas y el aliento constante que le entregó para seguir escribiendo.

¿Hoy siguen habiendo espacios como aquel comandado por Barrientos y Formoso?

     Yo sigo yendo a un taller de literatura que dirige Pavel Oyarzún, donde está la mano de Óscar Barrientos también, quien consiguió el espacio. Así que sí, siguen los espacios.

¿Cómo es tu relación con tus pares, con los escritores de tu edad?

     Justamente como son escritores jóvenes, no he visto algo que yo diga, esto pueda llegar a más. Del taller que te mencionaba antes, de Óscar y Christian, sólo dos personas seguimos escribiendo, Mariana Camelio Vezzani, que está o estuvo en el Taller Pablo Neruda y que incluso tiene publicaciones propias, y yo. El resto de chicos y chicas, hay que decirlo eran más chicas, ahí están…

¿Imagino que hay escritores actuales en Magallanes que rescatas?

     Hay un escritor joven, que de hecho tiene una Mención Honrosa en el Premio Roberto Bolaño, Rubén Dario Gómez. Él es un escritor muy bueno para su edad y uno dice, cómo alguien tan joven pude escribir tan bien. Uno cae en la comparación, entonces cuando pienso en él, recuerdo a Óscar Barrientos, que tuvo su primera publicación a los 14 años.

A propósito de Óscar, Pavel, Christian… ¿Qué te pasa con el compromiso que siempre muestran con la formación, con la colaboración, sobre todo con aquellos que están comenzando? Tú lo experimentaste.

     Ellos tienen esta mentalidad de formar a nuevos escritores. Pavel, por ejemplo, en medio de los talleres que realizaba se tomaban la universidad, que era el lugar donde nos reuníamos, y él decía ya, a dónde nos juntamos. Al final nos terminábamos juntando en otro lado pero no era opción dejar de hacer el taller. Creo que tienen plena conciencia de seguir formando a nuevos escritores. Ha sido justamente ese compromiso el que nos ha permitido a los escritores jóvenes salir adelante.

¿Por qué se lee poco?

     La literatura necesita un esfuerzo intelectual importante. Y eso aleja a la gente de la literatura. Creo que en ese sentido la literatura está en desventaja respecto de las otras ramas artísticas donde eres público, acá el esfuerzo lo hace el que lee.

Y sobre la creación literaria… ¿hay nuevos escritores que estén activando el mundo de las letras en Magallanes?

     Creo que de a poco se está dando una transición. Por qué se sigue hablando de Óscar, de Astrid, de Pavel, por la misma razón que se sigue hablando de Nicanor Parra, de Huidobro, porque son escritores consagrados. Esto no quiere decir que estemos estancados, simplemente ellos se consagraron. Ahora, sí creo que hay mucha nueva creación pero que queda en un círculo pequeño.