Juan Magal Pérez: “Los escritores no son adornos de mesa”

Me arrinconas, me dice, cuando apenas nos habíamos saludado. “Esa es la pregunta que me va a servir de catarsis”. A simple vista, Juan Magal es un hombre callado. Sin embargo, cuando recién pronunciaba la primera pregunta aparecieron emociones que dejaban atrás a ese hombre retraído y traían a escena a un escritor que ha estado callado por mucho tiempo.

Juan Magal, escribió durante un tiempo breve, como le ha pasado a más de algún reconocido escritor. Rulfo, Harper Lee, J.D. Salinger, John Kennedy Toole, entre muchos otros. A principios del 90 publicó Impronta, en compañía de Pavel Oyarzún, Dinko Pavlov y Julio Pedrol; en el 93 aparece la Perra del Vecino y Otros Cuentos; antes, en 1988, La Lira Amordazada.  Un futuro promisorio, pero Magal, dejó de escribir.

 ¿Por qué?

Sufro mucho con esto de haber dejado de escribir. Yo creo que me voy a morir sintiéndome culpable. Con el tiempo me he dado cuenta que tan mal no lo hago. Hace mucho tiempo, un día dije, esto se queda acá, con lo que hice… no porque lo considere tan bueno, siempre he sido un inconformista, pero creo que las cosas deben hacerse bien. Resulta que en algún momento de mi vida, por ahí por los treinta o cercano a los cuarenta (años) me puse en una posición de auto juzgarme, siendo muy duro conmigo. Y por otro lado sentía que no era justo que otras personas se autodenominaran escritores de manera tan fácil, cuando yo tengo un tremendo respeto por la literatura y por los verdaderos escritores. Entonces siempre entendí el oficio de escritor como mucha responsabilidad, con mucha disciplina. Cuando hablamos de escritor, yo estoy pensando en un Balzac, en un Dostoievski, con la idea de sacrificarlo todo por un objetivo de ese tipo. Yo sé que acá en la región hay muy buenos escritores, pero no todos son escritores. Hay mucha gente que se autodenomina escritor. Tal vez, en algún momento de sus vidas, autodenominarse escritor es como ponerse en una vitrina, figurar de alguna manera. Pero yo primero pongo la disciplina, los escritores no crecen como flores silvestres, creo que hay que hacer mucho hincapié en la formación, está bien contar experiencias, pero también hay que leer y un buen escritor tiene una buena base le lectura, que pasa por Vicente Huidobro, por Nicanor Parra… Los escritores no nacen de un día para otro. Esto se forja en la adolescencia, leyendo literatura de una manera muy crítica, compartiéndola, no solo hacerlo por entretención, por diversión. De los pocos escritores que hay acá en Magallanes, yo los respeto mucho y tengo muy claro quiénes son.

¿Usted se refiere a que hay una creación un poco artificial, forzada si se quiere decir, del escritor?

Los escritores no son adornos de mesa, son personas que se dedican diariamente a este oficio, como cualquier obrero. Entonces,  hay que jugársela como se la jugó un García Márquez, un Vargas Llosa, yéndose a Europa, compartiendo diferentes oficios, a veces trabajando más que durmiendo. Yo creo que en algunos jóvenes eso se da y eso yo lo celebro, yo disfruto cuando veo que los jóvenes son así... La literatura tiene mucho dolor y no podemos andar por ahí tratando de solo leer y de escribir novelitas rosa.

¿Usted cree que hay que darlo todo por la literatura?

Yo pienso en Bolaño. Una forma de buscar la literatura, de ser escritor, pasa por el ejemplo que ese hombre nos entregó, tanto en su vida como en su obra. Yo nunca pensé en ganar plata con esto, uno espera ser leído y a mí me llegó tarde esa recompensa. En el tiempo he ido viendo como La Perra del Vecino y Otros Cuentos resultó un acierto y yo no tuve la confianza en un comienzo. Ahora me he llevado la sorpresa que se estaba leyendo en todos los liceos de Punta Arenas. Tengo esa sensación muy especial, uno a veces se desconcierta, porque llegan grupos de jóvenes a la biblioteca y yo estoy tras el mostrador y de repente dicen, “tendrá el libro La Perra del Vecino y Otros Cuentos. No puedo desconocer que eso significa algo muy especial, un premio real.

De todo lo que gatilló la decisión de dejar de escribir, más allá de la inseguridad, porque en algún momento entendió que era un aporte, ¿por qué no retomó esto que tanto le apasiona?

Hay algo, me faltó valor. Esto yo lo conversé en su momento con un amigo escritor, Pavel Oyarzún, a quien respeto y admiro, como a otros tres o cuatro de esos tiempos…. Lo que pasa es que Pavel se la jugó, tuvo la fuerza y la decisión de que ese era el camino y logró hacerlo. En mí hubo falta de confianza, temor. 

Y hoy día, después de todo este análisis que ha realizado y a través del cual ha entendido por qué dejó de escribir, ¿no se ha animado, no hay cosas guardadas por ahí?

Mira, me llevé otra desilusión. Participé del último Magallanes en 100 Palabras, y me pareció que no era una mala obra… quizás no para ganar el concurso, pero sí para estar dentro de los 100. Pero ya tengo antigüedad en este oficio de masoquista, no la quiero perder… ¿cómo salgo de este agujero?

No desarrollar los talentos es un pecado mortal…. Tiene una deuda pendiente, más allá de lo que haya dicho el jurado de Magallanes en 100 Palabras.

No digamos que me queda mucho por delante, pero sí me gustaría intentarlo, atreverme, jugármela por otra cantidad de cuentos. Siempre he estado buscando excusas, como para no enfrentar esto que me ha pasado. Muchas veces le eché la culpa al trabajo, al tiempo, toda la gente le echa la culpa al tiempo, pero en realidad me gustaría mucho volver a escribir. Yo he estado muchos años prácticamente sin escribir nada.

¿Su trabajo en la biblioteca no tuvo que ver con dejar atrás la rutina de la creación?

No, no tuvo que ver con eso. Yo dejé de escribir el año 93… en ese tiempo yo me juntaba con mis pares, nos reuníamos aunque no hubiesen proyectos literarios, pero eso también se terminó, me convertí en un tipo que se fue para la casa definitivamente.  Yo sé lo hermoso que es compartir con otros creadores.

En algún momento me comentó que hoy le parece que las cosas son distintas.

Hay harto joven interesado en la literatura y bien apoyados por escritores como Oscar Barrientos, Christian Formoso, que a través de sus experiencias, nutren a estos jóvenes. Me pone muy contento comprobar que existen iniciativas como la revista Sensini o agrupaciones de jóvenes que surgen y que están compartiendo muy buenas lecturas. A partir de este tiempo, a futuro, vamos a tener buenos exponentes de las letras en Magallanes.

Y usted de joven, ¿qué recuerda de su inquietud por la literatura?

Todo peregrinaje de joven que quisiera ser escritor contemplaba un paso por la casa de Pepe Grimaldi. Era un hombre bonachón, de anécdotas, parecía una especie de Popeye. Era un tipo fascinante. Le llevé un día mis poemas, se los dejé y cuando volví a buscarlos, los encontró todos buenos.

Pero eso le causó desconfianza. La falta de una crítica dura lo dejó inquieto e incrédulo… Su oficio de masoquista, como dice, lo perseguía desde sus inicios. Posteriormente fue a visitar a Marino Muñoz Lagos, gran amigo de Grimaldi. Este último presentó al joven Juan, cuando aún no llevaba por apellido Magal, en una tarjeta que decía algo como “tengo fe en él”.

Juan, pasando a su vida cotidiana, debe ser de las pocas personas en este país que no tiene celular… eso dice mucho ¿o no?

Quiero mantener mi resistencia hasta mi último día. Quiero ser el último tipo en este país que se mantenga sin celular.

¿Qué otras resistencias pretende mantener?

No llegar a caer en ninguna religión por muy desesperado que esté. Ni protestantes ni católicos, no los quiero alrededor de mi cama. Quiero ser consecuente con eso.

Comenta que invierte su tiempo revisando YouTube, buscando entrevistas de escritores y repasando fotografías de Punta Arenas de antaño en la página web de Fernando Calcuta. Se encanta a diario con la historia regional, analizando fotografías para entender cómo ha cambiado Punta Arenas.

Terminado el servicio militar tuvo decenas de trabajos y al llegar a la Dibam se estabilizó. Cuéntenos sobre eso.

Cuando terminé el servicio miliar no pude seguir estudios superiores, me faltó el financiamiento. Entonces, con 20 años, me puse a trabajar en cualquier cosa. En ese tiempo no abundaba el trabajo. Una de mis experiencias fue como buscador de oro. Trabajé en una disquería, en el campo, en plataformas, con una empresa que trabajaba para Enap. Encontraba sumamente interesante ir a estas especies de arañas metálicas. Íbamos cada mañana en helicóptero, como quien toma un colectivo en la mañana.

A propósito del servicio miliar y su juventud, esto lo vivió en plena dictadura miliar…

Este fue un tiempo bien traumático. Nos tocó como niños ver ese lugar que denominábamos la pampa, convertirse en un recinto militar, lleno ametralladoras y bolsas de arena. Cerraron ese lugar en el que jugábamos, esa fue la primera impresión que tuve. A través de la lectura, mientras estaba haciendo el servicio militar me volví contra los militares. Imagínate, yo era buen estudiante y no pude terminar cuarto medio porque tuve que hacer el servicio. Posteriormente ingresé a las juventudes comunistas.

Le apestaba el exceso de ego y la falta de talento. Quiso arrancar de esa estructura artificial, pero su tranco lo llevó suficientemente lejos como para no encontrar el camino de regreso. Aunque prefiero pensar que no, que sabe cómo volver, que sólo espera el momento adecuado, quizás no el día soleado, ni las calles calmas, ni la ausencia de viento...  Mientras se toma su tiempo, sigue trabajando en la Biblioteca Pública N°6, como hace más de 20 años; continúa siendo militante del partido comunista, pero sin fanatismo; quiere morir ateo y sin celular. Nosotros, por otra parte, solo esperamos que un día no pueda dormir y se levante descalzo, con los ojos a medio abrir si quiere, que pueda alcanzar un lápiz y que regrese.