Juan Mihovilovich: Buceando en su alma

Aunque no fue nuestra intención, bastó con sumergirnos solo un poco para encontrarlo. Estiramos levemente la mano y hallamos la suya, sin problema. No tuvo intención de escabullirse, ni meternos por laberintos. Directo al grano.

Es autor de más de una decena de libros publicados, descendiente de yugoslavos y chilotes, es parte de la Academia Chilena de la Lengua, juez de la comuna de Puerto Cisnes en Aysén, magallánico y, sobre todo, un contador de historias.

Ayer fui a la Escuela Croacia, hace como 30 años que no iba, y la recorrí, porque justo estaba escribiendo unos capítulos sobre el miedo, que es una de las cosas más resaltantes de mi literatura. Yo creo que gran parte de lo que hacemos en el mundo es por el miedo a fracasar, miedo a perder el amor, miedo a cruzar la calle... Es tan fuerte eso que motiva muchas de las condiciones sociales y políticas. Cuando hay un dictador, el dictador en el fondo tiene miedo, por eso domina, creo. Nosotros mismos, en nuestras relaciones, la dominación es el miedo. Fíjate que ayer, con mis amigos, que siempre nos juntamos, nunca hablamos de temas profundos, y ayer sí, porque yo no quiero invadir sus espacios, pero ayer los invadí. Empecé a preguntarle a cada uno, dónde estaban el día del golpe, qué estaban haciendo. Y se empezó a abrir un universo súper especial, porque había varios que tenían que ver con los milicos. Y yo les pregunté, derechamente, si participaron en hechos detestables, y uno me respondió: yo no, pero sí vi como torturaban. Debe ser para él, también, un dilema, un dolor o a lo mejor no, no lo sé”.

Y ahí está la otra mirada, de esto que a simple vista parece muy detestable, pero ese amigo suyo, podría también haberlo pasado muy mal desde esa vereda.

Cómo se resuelve eso, porque para uno, claro, lo primero que uno dice es: fue cómplice, este. Pero que puedes decir de un gallo de 18 años, que si no lo hace le meten un balazo a él. Yo lo he pensado mucho, porque antes era muy crudo en eso.

Fui tres días antes del golpe a sacar mi carnet a Linares... Yo estudiaba en Concepción y vivíamos en la toma estudiantil, en un hogar, pero que era una toma como muchas tomas en ese tiempo.

¿Y era parte de algún partido o movimiento político en ese tiempo?

Simpatizante sí, pero no era militante activo, pero sí era simpatizante del MIR. Lo que me atraía era el pensamiento intelectual, el análisis, qué se yo, pero después me di cuenta de que fueron unos de los causantes. Yo lo creo así, no puede haber ningún movimiento que crea que tiene que matar gente para poder instaurarse, definitivamente no. Aunque la derecha use eso, uno no puede usar las mismas armas. Después me enteré de muchos entretelones, de cómo era ese movimiento, en la cúpula y era igual que todos, lo mismo, ganancia de poder. Porque era una intelectualidad  burguesa, todos hijos de médicos y fueron los más ultras, los que más desencadenaron.

Y luego, en esta parte tan oscura de nuestra historia, ¿en qué estaba?

Yo trabajé muchos años en derechos humanos y uno aprende que los derechos humanos son universales, así sea en China, en Argentina. Tú no puedes justificar que allí se mate gente sólo para consolidar el sistema, para consolidarse en el poder.  Si Stalin mató 10 veces más de lo que mató Hitler. Entonces, todo lo que es dominación, fuerza, poder…. Yo digo siempre, mientras un solo hombre sea prisionero en el mundo, la humanidad no va a ser libre. Esa es una cosa demasiada profunda, no tiene ni siquiera que ver con la política, tiene que ver con el amor.

Hablar de política es ineludible. No fuimos en busca de ello, pero se da de manera espontánea, porque es parte de este escritor-juez. Dimos un paso rápido por los libros, que era la excusa para juntarnos, pero nos detuvimos con mucha calma en pasajes de su niñez, sus dolores, el amor y una que otra “cosa extraña”, que iremos descubriendo en las próximas líneas.

Antes nos habló de su escuela, ¿qué recuerdos tiene de niño?

Yo siempre sabía, en mi interior, que era un poco distinto. No estoy diciendo que era mejor, sólo distinto. Observaba, era capaz de entender gestos, movimientos… De hecho, ayer se acordaban de la siguiente anécdota. En el Club Progreso pasaban cosas bien increíbles, porque eran muy extravagantes y hubo una fiesta. Estaban celebrando la llegada de la primavera o algo parecido y de repente estaban bailando todos y se muere un tipo en el baile, la gente se acerca y empiezan a hacer diferentes tipos de leseras, la reina que salió era una niña obesa…. Imagínate, le fueron a avisar a la familia del difunto, la familia no quería hacerse cargo, al final los cabros que estaban ahí lo llevaron al hospital porque creyeron que podía revivir y la verdad es que murió, estaba muerto. Después tuvieron que llegar con el muerto otra vez al club, fue una cosa tan loca. Todo eso yo no lo viví, pero me lo contaron. Ayer se acordaban de todo eso y se mataban de la risa, yo escuchaba y escuchaba no más. Entonces, uno me dice, tú deberías escribir eso Juan, pero si eso está escrito les dije yo, se llama La puerta que no pudo cubrir la primavera. A qué voy, yo ya sabía, en esos años que mi percepción de la realidad era distinta a la de ellos.  

Para conocerlo mejor, y saber quién es hoy. Podrá contarnos algo más sobre su vida familiar en la infancia.

Mi mamá cumplió una influencia muy nefasta y murió recién el año pasado. Yo, cuando tenía como 40 años, logré entenderla. Ella no tenía más elementos ni herramientas para afrontar el mundo, fue lo que tenía que hacer no más. Una mujer que venía de Chiloé, en condiciones de mucha privación, con un matrimonio roto, llega acá, con mi hermanastra a cuesta, la rechazaron porque la comunidad croata era muy cerrada en esos tiempos. Un descendiente croata (su papá) con una chilota, pero después la aceptaron. Entonces nosotros crecimos con eso, en ese mundo un poco marginal. Yo creo que tiene que ver un poco con eso, lo formal siempre me provocó un poco de rechazo.  Nosotros éramos invitados a todas las fiestas, pero yo sabía que nosotros éramos los pobres. Incluso, cuando nosotros llegábamos, todos llegaban con regalos y nosotros poníamos un billete en un sobre y ese era nuestro regalo, mil pesos o dos mil pesos. Nunca íbamos con un regalo comprado, entonces, uno entregaba eso con vergüenza. Claro que era vergonzoso, además, mi mamá nos vestía iguales a los dos, a mi hermano y a mí, iguales en todo, con humita y todo.

¿Y esta etapa qué consecuencias tuvo?

Eso nos marcó a nosotros. A la presentación (lanzamiento del libro Bucear en su alma) fue un solo primo y tengo como cuatro vivos. Yo sé que me admiran, porque aparezco en los diarios, lo típico, porque si fuera cantante sería lo mismo, pero no van, no sienten un cariño especial, pero el que estaba ayer, el que fue, Carlos sí, él ya tiene 84 años, tiene un mellizo, ayer justamente nos invitó a almorzar. Existe un cariño, un amor, es la excepción, porque también yo creo que ellos estuvieron un poco marginados del resto, creo que por eso. Pero los otros, es probable que si buscara un acercamiento se podría producir, pero tendría que buscarlo yo y ya no es necesario.

Y su papá, ¿cómo fue su relación con él?

Mi viejo era un tipo extremadamente bondadoso, mi viejo murió recién en noviembre y yo lo tengo todavía muy presente.  Murió en mis brazos. Entonces, fue súper fuerte, yo creo que él me esperó. Mi familia es un poco un desastre, con mucha contradicción, con mucha pasión y con mucha cosa oscura. Mi madre representaba esa cosa oscura, esa cosa del mundo chilote, de la brujería, eso era real, no era ningún cuento, ella lo traía consigo, y mi padre no. Mi padre era…. A ver, cuento la siguiente anécdota más o menos para contextualizar: ayer mis amigos me preguntaron (en una cena en la que se reunieron), cuál crees que va a ser tu puesto. Me había puesto un martillo en la cabecera. Es que mi papá fue carpintero, dentro de la institución, lo utilizaban para que hiciera los embalajes, para que arreglara sus casas. Entonces, mi papá le obedecía todo a mi madre. Era miedo eso, porque si no le hacía caso, mi mamá le armaba un escándalo. A nosotros también, a nosotros nos prohibía pololear. Esa era mi madre, nos amaba con ese amor enfermizo. Yo creo que mi mamá podría haber dado la vida por nosotros, esos amores terribles. Murieron los dos el mismo año, aunque mi mamá los últimos 8 meses estuvo con delirios, alucinaciones, era un esqueleto viviente y, aun así, desde la cama mandaba.

Y aunque Juan muestra cierta devoción por su padre, sin querer vuelve a su madre con rapidez en nuestra conversación. “La otra vez hablaba con mi mujer, ella alcanzo a conocerla y quiso a mis viejos de una manera increíble, decía que me parezco a mi mamá. Lo decía porque físicamente yo me parecía a mi mamá, pero igual yo tengo esa cosa media astuta. No tenía eso de la intelectualidad, pero sí astucia y una percepción directa de las cosas muy fuerte. Captaba mucho la maldad, pero también la ejercía. Eso pasa en todas las familias y cuando uno empieza a ahondar, uno empieza a descubrir cosas. La visión que yo tengo de la familia, es que lo peor siempre pasa en la familia. Yo pensaba que era algo que yo creía no más, pero en casi todas las familias que conozco pasan cosas, que tiene que ver con la naturaleza humana, con la falta de autoconocimiento”.

Desde hace varios años que Juan Mihovilovich vive en la región de Aysén, en un pequeño poblado, Puerto Cisnes, que él define como “una de las zonas más protegidas del mundo. Si hay una guerra nuclear, que es muy posible, es uno de los lugares que van a ser más protegidos, pero yo no me fui ahí por eso, es una cosa obvia. Yo ahí creo en otras cosas, que no vienen al caso conversar, son medias raras”. En septiembre viajó a su natal Punta Arenas para lanzar su nuevo libro, Bucear en su alma. Un conjunto de historias profundas y conmovedoras. 40 relatos, entre cuentos y microcuentos que desde lo cotidiano nos muestran el mundo.

¿Qué nos puede contar de esta nueva propuesta?

Este es un libro menor, para no menoscabarlo porque igual tiene cosas buenas, es un libro bisagra, que es necesario que lo hiciera porque me abre muchos espacios interiores a cosas que están dando vuelta. Es la bisagra de eso y otras cosas, un conjunto de reflexión.

Juan, ¿por qué escribe? ¿Qué busca?

Es igual a preguntarse por qué estamos acá o ahí, o más allá, quién soy yo, que son preguntas clásicas, de dónde vengo y para dónde voy y, lo más probable es que yo no lo sepa nunca. Lo más seguro es que no lo sepa mientras esté vivo, pero eso tiene que impulsar a caminar, porque lo que importa, en definitiva, es el trayecto que tú hagas.

Escribo por amor a mí mismo, amor al otro, pero también escribo porque hay ausencia de amor. En la sociedad moderna, el gran problema es la ausencia de amor. Lo que decimos, pensamos y hacemos está en una constante contradicción, por ponerlo así, gráficamente, lo que es el bien y el mal. El amor tiene que ver con el respeto al otro, con ponerse en el lugar del otro. Nosotros somos un conflicto permanente, porque no funcionamos con el amor sencillamente, funcionamos con la cabeza y funcionamos muchas veces emotivamente y, emotivamente ponemos una especie de muralla para entender lo que racionalmente tenemos que hacer, pero no es lo fundamental para el ser humano, ni lo que mueve. El intelecto, esto puede parecer una aberración cuando uno lo dice, cuando tú crees en algo y yo creo en algo, pero cuando tú sientes y yo siento, es de distinta forma. La Violeta Parra dice que el sentir al otro es superior que creer en el otro.

Nos cuenta que espera encontrarse, responder a sus inquietudes más profundas a través de la literatura, pero que aún no lo logra. Entonces le hemos preguntado, qué ha logrado encontrar, a qué ha podido dar respuesta en este camino de la literatura.

He encontrado respuestas que me han satisfecho en determinado tiempo y esas respuestas me han enriquecido en un momento determinado, en mi vida literaria y en mi vida personal. Te pongo ejemplos concretos, creí ser cercano a ciertas ideas, después en la búsqueda vuelvo a la religiosidad o a la cultura católica o cristiana, tanto por una búsqueda personal como por el momento histórico que se dio. Después ingreso un tiempo a la masonería. Yo estaba buscando respuestas que iban más allá de lo literario  y entré por una puerta y salí por la otra, porque me di cuenta que lo que yo buscaba no tenía que ver con cosas exteriores.

El camino para uno, no es el camino para la multitud, yo nunca he creído en las masas. Cuando yo era joven y pertenecía a este grupo de izquierda y salía a las marchas, yo terminaba siempre saliendo de ahí, no iba conmigo, me sentía perdido, era como ir en una manada. Sabes tú que cuando la manada pierde el sentido de la dirección se puede ir al abismo, se pierda la libertad, se pierde el sentido de la unidad, porque lo importante es que la unidad se mantenga, que haya amor.

Juan, usted es un juez, un tipo al que a simple vista le va bien en la vida. Tiene cierto poder o influencia, la literatura es un amor genuino, en cuanto no es utilizada para tener reconocimiento. ¿Qué significa para usted el reconocimiento literario?

Uno siempre espera reconocimiento y yo tendría que ser muy mentiroso si dijera que no, pero no es lo más importante. Lo que sí satisface tremendamente, es cuando uno se siente realizado con algo que le costó años hacer, eso sí es impagable. Yo escribo para conocerme más y para conocer al otro, siempre ha sido así, raramente escribo algo que me han pedido. Yo no soy un escritor reconocido, yo creo que tengo cierto prestigio en ciertos niveles, pero no soy un escritor masivo, ni creo que lo vaya a ser nunca, no sé, a lo mejor después.

Y en su trabajo, ¿la gente sabe que usted es literato, o se lo tiene guardado?

En la cotidianidad no ando hablando de literatura, para nada. O sea, en tribunales todos saben que yo escribo, pero yo creo que hay un par de funcionarios que me han leído y tienen una cierta admiración por eso.

Su encuentro con Manuel Contreras.

Antes de terminar la conversación, nos contó una anécdota más. Una que de cierta manera servía de conclusión a esta conversación, que mezclaba la política, la literatura, el amor y la falta de amor, la justicia y la injusticia, el miedo, las carencias, la infancia…

“Por las vueltas de la vida, a mí me toco ir a entrevistar a Manuel Contreras el año 95, yo trabajaba en Gendarmería, era abogado y alguien dijo: tiene que ir Juan, ¿quieres ir? Yo dije que sí. Una de las cosas que me quedó absolutamente clara, es que Pinochet no habría existido sin él. Pinochet no habría existido si no estaba Manuel Contreras. Es el que mató, ordenó, torturó, se reunió todos los días con Pinochet en las mañanas… Cuando yo le preguntaba a él, qué hacía su padre, él me decía: bueno, mi padre fue coronel. Le preguntaba, y cómo se relacionaba con él. A lo que respondía, bueno, en la mesa hablaba él… Luego, le pregunté por él como padre, y contestó que tenía un buen trato de padre de familia. Tenía un esquema mental, cero conciencia del dolor que causó, lo que hizo fue por patriotismo, fue por su país. A mí, eso me marcó muchísimo, hacer esa entrevista me marcó, ahora lo estoy viendo. Fue en Fresia, en un lugar muy apartado, yo pensé que iba a llegar a un búnker. Fui con una asistente social y la gente de la CNI nos esperaba en el Tepual, en Puerto Montt. Por qué te cuento esto, porque ahí están los orígenes de lo que estamos hablando”.