Pavel Oyarzún Díaz: “La literatura es un ejercicio de voluntad”

El poeta y novelista ha puesto su vida a disposición de la literatura y su valentía por defender su vocación lo definen, si tú te metes a esto, no es para arrepentirte, sentencia. Acaba de terminar una novela que fue enviada a una editorial y ya tiene en mente la próxima. Lee donde siente la necesidad, mientras que para escribir tiene su tiempo, en las mañanas con la mente despejada.

Me cuenta sobre los edificios patrimoniales que datan de fines de 1800, en el centro de la ciudad, mientras saluda a un hombre cerca de la plaza Muñoz Gamero. Comenta que parece más presidente de junta de vecinos que escritor. Tal vez soy demasiado amistoso, confiesa entre risas. En una extensa conversación en el café Shackleton, ubicado en el Palacio Sara Braun, pudimos pasar de un tema a otro de manera natural, es que con él, el diálogo fluye con facilidad.

No debe ser fácil tomar la decisión de dedicarse a la literatura, ¿qué costos ha tenido para usted?

Hubo daño a terceros, yo digo daño, ellos lo ven de otra manera, me refiero a los hijos. Pero sí, fueron momentos difíciles, en lo económico, en lo familiar o en la relación, pero bueno, es tu vocación, para lo que tú viniste. Tú sabes que esto no es fácil y nadie, tampoco, me puso una pistola en la cabeza para ser escritor, fue lo que yo quise hacer y siempre he tenido en cuenta que a mi me gusta mucho escribir, para mí es un privilegio. A raíz de esto, le  preguntaban a García Márquez, con todo este éxito mundial de Cien Años de Soledad, si sin haber tenido ese éxito hubiese seguido escribiendo y él dijo que sí.  

¿Usted es de los que piensa que hay que darlo todo por la literatura?

Estaba leyendo una entrevista a Paul Auster, escritor norteamericano, gran novelista. Él decía que su Trilogía de New York, que lo catapulta a la fama, fue rechazada por 17 editoriales. Al final tuvo que publicar en Los Ángeles. Roberto Bolaño tiene un poema, incluso, donde realiza un catálogo de las editoriales que lo rechazaron. La literatura es un ejercicio de voluntad, o sea, está el talento, por supuesto, tienen que estar las condiciones para poder trabajar, pero básicamente debe existir voluntad. Hay una serie de factores, pero hay uno que debe prevalecer: la voluntad, en el sentido de, tú te metes a esto, pero no es para arrepentirte.

¿Qué sentimientos son los que lo mueven?

Yo diría, la pasión. Y se nota en la obra de los propios escritores, cuando se vuelve algo mecánico, algo rutinario, algo calculado, se nota en la obra. Por el contrario, escritores que llevan muchos años, tú notas que en cada obra vuelve esa pasión. Por citar a escritores norteamericanos, en este caso, Philip Roth, decía que cada vez que él afrontaba una nueva novela, se confrontaba con el aprendiz que había en él. Por ahí lo dice Vargas Llosa también, todas las novelas anteriores que ha escrito, en el momento de afrontar una nueva, desaparecen y comienza a ser un aprendiz de nuevo. Yo creo que por ahí está el encanto de la literatura, porque te genera esta pasión, porque eso también lo he experimentado.  Cada novela para mí es una aventura nueva. Bueno, no deja de ser una aventura extraordinaria. Para un escritor, ir despejando toda esa bruma, que los personajes se vayan despejando, las historias se vayan definiendo, que haya personajes que tú pensabas que iban a ser secundarios y comiencen a adquirir un protagonismo que no pensabas. Eso le da a esta actividad algo que es muy difícil encontrar en otras.

Usted ha dicho que la literatura es política, aunque no se hable explícitamente de ella, está presente. Pero en su caso, usted fue o es militante de un partido político y proviene de una familia con una marcada tendencia…

Dejé de militar en el Partido Comunista hace muchos años. Sí, se nota más porque hay ciertas condiciones, la etapa en la que viví mi juventud, por ejemplo, fue una etapa en dictadura. Fui militante de las Juventudes Comunistas, eso marca también, y provengo de un hogar comunista. Por lo tanto, siempre hubo una posición, desde pequeño me acostumbré a un ambiente muy político, de mucha opinión, de mucha actualidad y ese impulso lo mantengo. Ahora yo soy de los que creen que la literatura es política, incluso, la de quienes piensan que no están haciendo literatura política, algo dice que está en toda nuestra vida, vuela por todas partes, es intrínseco. Lo que yo pretendo, no es hacer panfleto, sí mis temas tienen que ver con momentos políticos agudos, algunos momentos agudos en la Patagonia y Tierra del fuego, algunos directamente trágicos, pero lo que yo no pretendo es hacer panfleto y decir, estos son los buenos y estos son los malos. Ese maniqueísmo es lo que puede liquidar a la literatura. La buena literatura es aquella, precisamente, que logra tomar distancia y, entender, en todo minuto, que básicamente es un producto literario, es ficción. La obra la terminan los lectores, eso está claro, de hecho hay tantas novelas como lectores. Entonces, eso sí, yo creo que mis novelas van a continuar siendo bastante ligadas a la historia, bastante ligada a momentos políticos determinados, porque es lo que me constituye. Es más, yo soy de los que cree que los escritores debemos hablar de lo que sabemos y movernos en terrenos conocidos. Yo no podría hacer, por ejemplo, literatura de ciencia ficción. No podría hacer literatura fantástica. Y dentro de los elementos que yo cultivo, está la novela de raíz histórica, o sea, está siempre presente ese elemento y voy a continuar por ahí, por el bien o por el mal de la literatura.

Usted decía que, tenía la idea de que aunque no lleguen premios y reconocimiento hay que seguir escribiendo, sin embargo, ¿debe ser estimulante contar con lectores y gente que reconozca su trabajo?

Por supuesto, seria negar una realidad. El reconocimiento, el aprecio, el trabajo con nuevas generaciones, los talleres literarios, tener lectores, no es cierto, una cantidad moderada de lectores, por supuesto que influye. Ese es el aspecto agradable de la literatura, el aspecto satisfactorio, en esto también hay elementos que tienen que ver con el ego, que tienen que ver con la personalidad de cada uno, o tienen que ver con la autoestima. Eso me ha hecho más grato esta actividad, me reafirma que no me equivoqué, que no estoy equivocado. Pero si no hubiera sido así, hubiera seguido escribiendo, eso es importante también. Cuando trabajo en los talleres literarios con escritores jóvenes, mira, trabajo hace veinticinco años en talleres literarios, veintiséis años, por lo tanto, han pasado varias generaciones de escritores y no todos han continuado en la literatura. Pero un taller no es para hacer una fábrica de escritores, lo que sí, es una preparación, un estímulo básicamente de lectura y de escritura.

¿Y cuál es el consejo para estos jóvenes escritores?

Siempre les digo a los chicos y chicas con los que trabajamos, este es un camino largo, este es un camino donde es mejor estar preparado para no recibir reconocimientos, para que te rechacen en las editoriales, para que no te pesque nadie en realidad y, aun así, continuar.

Si piensas en los escritores que dicen, yo voy a publicar mi primer libro y aquí cambio el mundo, el mundo se va a detener porque voy a publicar un libro. Ojo con eso, cuando las expectativas son muy altas en una actividad, por lo general, ingrata en esos aspectos, las caídas igual son muy altas. Entonces, hay que ser, en ese punto, realistas, estar con los pies bien plantados sobre la tierra, saber en el país en que se vive, saber la importancia que tiene la literatura en nuestro país, los libros en nuestro país y hacer prevalecer la vocación y el trabajo. El trabajar de la mejor manera un texto. Uno jamás lo puede entregar por cansancio, porque está aburrido, porque tiene que cumplir. Los textos tienen las palabras que deben tener y si tienen que tener cien correcciones, tienen las cien correcciones. Puede ser medio agobiante, pero es parte del oficio.

Hay un fuerte legado de su trabajo como escritor y docente en muchas generaciones, es indudable. Qué pasa con sus hijos, ¿hay un legado literario ahí también?

Tengo la satisfacción de que Vicente tiene un libro de poesía que va a publicar este año, en Santiago. Y bueno, yo no tengo las distancias suficientes para hacer un juicio de valor respecto del libro, pero a mí me gusta su poesía, una poesía muy trabajada, confianzuda. Es que Vicente es muy buen lector, corrige mucho, tiene mucho sentido de la responsabilidad con su trabajo. Natacha, aparte de ser actriz de teatro, ha trabajado ya en teatro, tanto en escenario como en la producción de obras teatrales, trabaja también en investigación literaria y es novelista.  Tiene una primera novela que está trabajando, que probablemente sea publicada, pero también con mucha responsabilidad, con mucho sentido del oficio. Ambos son muy buenos lectores, lo que es fundamental en literatura. Entre paréntesis, hace años, hace muchos años acá en Magallanes se cultivaba una cierta desidia con la lectura. Una idea de que se podía hacer literatura sin leer mucho, cosa curiosa, pero era así. Creo que eso ha cambiado con los años, con los talleres literarios y los encuentros literarios, al conocer escritores profesionales, en el sentido literario del término. Volviendo a mis hijos, nos reímos mucho, nunca hablamos de eso, la literatura tiene un elemento donde está incorporado el humor, en esto no hay que tomárselo muy enserio, bueno, nada hay que tomarse muy enserio o vas a un suicidio. Hay que tener ese sentido del humor, hay que saber reírse de uno mismo, hay que aceptar las sugerencias, las correcciones, uno comete errores increíbles.

¿Ese es otro consejo?

Es importante que cada escritor tenga un lector, tenga un amigo, tenga un compañero de ruta, un buen lector que te lea los originales. Pensaba en Hemingway, en una de sus novelas, creo que Por quién doblan las campanas, llegó a tener seis finales y él se mortificó mucho porque no sabía por cuál optar. Y es una mortificación mayor que la que uno cree, realmente uno se acuesta pensando, se levanta pensando, en no meter la pata. Desde ese punto de vista, una lectura a cierta distancia, te ayuda.

Pavel, ¿a qué debe su nombre?

Porque en ese tiempo los militantes comunistas, en la década del 60, en plena guerra fría, le ponían nombres rusos a sus hijos. Por supuesto, en homenaje a la Madre Patria Soviética, a la gran Unión Soviética. Tengo un hermano que se llama Vladimir, tengo primas que tienen nombre Irina. Las familias comunistas se caracterizaban por eso, los comunistas chilenos que eran pro soviéticos. Después, con el golpe militar, uno se daba cuenta que era un grave error porque eran muy fácil de identificar.

Cuéntenos un poco de la familia en la que nació

Mi padre, lamentablemente, murió muy joven, a los 56 años. Muy cerquita a la edad que tengo yo, fue muy prematura su muerte. Mi padre, un hombre trabajador, un obrero, comenzó en el campo como comenzaban muchos, personas muy jóvenes, luego trabajó en frigoríficos y luego en un astillero. Bueno, fue militante comunista y llevábamos una vida bastante normal hasta el 11 de septiembre de 1973. Vivíamos en Chiloé con Miraflores, allí vivían mis abuelos también y, hasta ese minuto, hasta ese día, todo iba bastante normal, digamos. Después viene todo lo del golpe militar. Yo tenía diez años, tengo algunos recuerdos, bastante nítidos. Tengo el recuerdo de estar esperando que vengan a detener a mi papá o a mi abuelo, que finalmente fueron detenidos. Mi abuelo fue un antiguo militante del Partido Comunista, uno de los fundadores acá en Magallanes, en Punta Arenas, en la década de 1930. También trabajador del campo, de las estancias, fue esquilador, se hizo comunista también muy joven. Como dice Jorge Teillier, en su poema, “A mi padre, Militante Comunista”, en la época en que al partido entraban los héroes. Entonces, se hizo comunista mi abuelo en ese tiempo y toda la familia continuó en esa línea, con esa marca ideológica, con todo lo que significaba ser comunista en la década de 1960, 1970 y con el golpe militar después. Entonces, allí comienza otra historia, no solo para nosotros sino para todos, eso fue básicamente.

¿Su familia lo apoyó cuando dijo que quería dedicarse a esto?

Yo no sufrí nunca los rechazos que tienen algunos compañeros y compañeras a su inicio, el primer frontón con el que chocan es con el frontón de la familia. Cuando dicen, no sé, cuando se enteran que su hija o hijo es poeta. Lo primero es una actitud como de estar perdiendo el tiempo, está dedicado a una actividad que no le va a dejar nada, que incluso le puede corromper. Yo nunca viví eso. Entonces, eso también influye, yo creo, en haber afianzado la vocación.

Quizás ese apoyo también influyó en esta posición suya de entregarse por entero a la literatura…. Me refiero, usted fue un joven aceptado en la decisión de su vocación, no debía convencer a nadie  (su familia) sobre este camino que quería recorrer.

Claro, fue más simple, nunca tuve un rechazo, todo lo contrario, siempre estuve rodeado, y estoy, por un entorno que apoya mi actividad literaria, es más, que se siente orgullosa de mi actividad literaria. De ese punto de vista tú tienes razón, uno puede tener mejores condiciones de otro tipo, pero si te encuentras con el rechazo o la indiferencia. Aquí se da mucho la indiferencia, es decir, conocí compañeros y compañeras poetas que a las presentaciones de sus libros no veían ningún familiar. Desolado. Marca mucho, en ese punto de vista, yo soy un agradecido porque no conté con ese rechazo. Hay rechazos familiares legendarios, el mismo Neruda. Él tuvo que optar por un seudónimo, básicamente para que su padre, José del Carmen, quien era un hombre muy rudo, un hombre muy ajeno de la vida literario y de la poesía, no se enterase de que él era el que escribía versitos, como le llamaba entre comillas, y los publicaba en un periódico de Temuco. Bueno, Gabriela Mistral, en fin… Era una sociedad que rechazaba casi instintivamente la actividad poética, le veía todos los males, todos los vicios, todo lo que no debía ser alguien de bien o decente, era ser poeta. Yo creo que ha cambiado un poco, hay que reconocerlo, que hoy para las chicas y chicos que escriben no les es tan difícil, por lo menos no hay un rechazo, no hay un estigma, no hay una presencia católica tan potente, cuando digo católica me refiero a esa moralina propia, casi, de una sociedad feudal.  

En ese sentido, no todo pasado fue mejor…

Todos sabemos las situaciones duras que hay todavía en algunos aspectos, difíciles, en términos sociales, sobre todo con los jóvenes. Pero hay mucha más libertad, o sea, hacia donde avanza al menos un sector de la humanidad. Es decir, hoy día las personas, los jóvenes, pueden expresarse. Un sector importante de los jóvenes puede expresar sus vocaciones con mayor libertad, sus opciones, sus orientaciones, eso no existía hace cuarenta años. Hace cuarenta o cincuenta años los padres de un sector de la juventud te elegían la carrera, de ante mano. De ahí para delante, los matrimonios, la vida que tienes que llevar, generalmente por razones económicas o de ascenso social. Hoy día, yo creo que hay esa libertad de que un chico diga yo quiero hacer esto. Eso de todo el tiempo pasado fue mejor es una actitud reaccionaria, a parte que uno sabe que no es así. Entonces, a mí me gusta trabajar con jóvenes, yo creo que esta actividad de la escritura, que es esencialmente solitaria, tiene ciertos bálsamos y tiene estos beneficios de poder compartirla con otros, tratar de transmitirla.

Transmitir... Bueno, al parecer usted tiene mucho de eso y hay harto escritor joven agradecido de su compromiso y generosidad, ¿es consciente de eso?

Sí, es complicada la respuesta a eso, lo que te decía antes, la importancia de la labor que pudiera realizar uno. Muchas veces uno está metido en su trabajo literario y transmitir algo que es casi natural para mí, uno no se da cuenta los efectos que pueda tener en otra persona, sobre todo en jóvenes, pero tengo señales cada tanto. Entonces, sí estoy bien aterrizado con respecto a eso, por qué, porque tengo el contacto con nuevas generaciones, siempre ha sido muy diáfano, no ha habido barreras generacionales, me refiero a que para mí un escritor, un poeta joven, siempre se ha acercado con total confianza. He trabajado muchos textos, tratando un poco de orientar en lo que yo pueda. Sí, he recibido esas señales de aprecio, que además son reciprocas, porque ese es otro aspecto relevante, cuando tú compartes esta vocación, sea o no sea en un taller, como tú dices, tú siempre recibes de vuelta. Yo siempre he pensado que la literatura genera, va moldeando a buenas personas, no en un sentido convencional o moralista del término, sino en el sentido de persona que somos capaces de compartir una vocación, una pasión, que son capaces también de compartir. Mira, si tú ya estás dispuesto a compartir tu intimidad, que es la literatura, entonces, imagínate. Puedo reiterar que tengo la fortuna de estar rodeado de poetas y escritores jóvenes y de recibir constantemente su afecto y tratar de retribuirlo.

Podrá contarme algunas cosas de su relación con Óscar Barrientos y Christian Formoso, aparecen constantemente haciendo cosas juntos

Yo tuve la fortuna, además, de compartir trabajos literarios con ellos cuando  eran muy jóvenes. Óscar es un escritor prematuro, publicó su primer libro a los catorce años, el segundo a los dieciséis, a los veintiuno la primera novela. Entonces, Christian también comenzó muy joven en esto. Yo no estaba muy viejito en ese tiempo y compartimos mucho, en la década de 90.  Nos leíamos mucho, comentábamos, y sí, se fue formando una unidad, compartíamos también puntos de vistas comunes, con respecto al trabajo literario. Yo creo que lo otro que influye en esta unidad que se ha dado, es que hacemos literatura muy distinta. Mis novelas no tienen mucho que ver con lo que hace Óscar, que está en una línea de la literatura fantástica. Cuando escribía poesía, lo de Christian también va por otro camino y muy bien, la poesía de Christian, a mi juicio, es absolutamente relevante. Y se dieron las circunstancias para mantener una amistad durante tantos años, que no siempre es común entre los escritores, pero aquí si se ha mantenido, afortunadamente. Yo sé, por ejemplo, que Óscar va a publicar prontamente un libro de cuentos, sé que Christian está trabajando un libro de poemas, en fin, ellos saben de mi trabajo, de mis novelas, de mi novela enviada a la editorial, la que quiero trabajar... Es importante compartir con compañeros de oficio, en la etapa en la que estamos, es alentador.

A propósito, nos puede contar algo acerca de la novela que envió a la editorial hace poco…

Es una novela que me gustó escribir, mucho, a raíz de la pasión por la escritura. Porque fue una novela en la que trabajé elementos que no tenían mis novelas anteriores. Por ejemplo, no trabajé con un solo narrador, hay un cruce de narradores, eso me gustó. Es una novela en la que los personajes están lanzados en un proyecto quijotesco, una desmesura, en el fondo la historia de una locura, de un punto de vista político-ideológico, ambientada en Tierra del Fuego en el año 1984. Hasta ahí te puedo decir de la novela, en el sentido de que son personajes distintos al de mis novelas anteriores. Mis novelas anteriores están marcadas por el héroe y el antihéroe, aquí son personajes que están en un estado intermedio, no son heroicos ni, necesariamente, estrambóticos. Hay un territorio de nadie ahí y eso me gustó.