Rubén Darío Gómez: Un escritor muy joven con unas alas enormes

Rubén es reconocido por su mención honrosa en el Premio Roberto Bolaño del año 2015, cuando recién comenzaba a escribir. Esto fue un guiño para continuar ligado a este amor que se forjó tempranamente. Hoy prepara su primer libro de cuentos y ya escribió su primera novela.

Apenas pisa los 20 años y, aunque no hace tanto que dejó los juegos de computación, ha tenido que crecer rápido. Con cierto apuro, que desde lejos se ve innecesario, pero que él parece entender demasiado bien.

Rubén Darío Gómez, no sólo lleva el nombre de un importante latinoamericano de las letras, él ha decidido vivir en la literatura. Explotarla y explotarse. Tanto la respira, que la expele por los poros. Ha decido que esto sea su pasatiempo, su trabajo, su vocación. Por eso cursa Pedagogía en Castellano en la Universidad de Magallanes, pero no es sólo un estudiante, es un devoto.

En medio del estrés que le provoca a casi todo el mundo tener que decidir a los 16 o 17 años, qué hacer el resto de tu vida, Rubén llegó a un taller literario, el que rápidamente le fue abriendo las puertas y aclarando las ideas.

“Mi mejor amigo de toda la vida, un día me dijo, hay un taller en la Universidad de Magallanes. Yo andaba decaído, entonces me convenció y fuimos.  Era un taller literario de la Fundación Pablo Neruda. Ahí me encontré con conocidos que leían y escribían, me encontré con otras personas del mundo de la literatura, y fue como wow, no sabía que a otras personas les gustaba leer tanto como a mí.  Como ejercicio empezaron a surgir estás cosas de hacer un texto, un poema. Escribí uno, lo mostré a la rápida, y dijeron, está bueno”.

¿Por qué decidiste ser profesor? Hay otras maneras de estar cerca de la literatura

Siento que es una forma de retribuir al mundo, o a la pequeña parte del mundo que se presenta acá, porque varios profesores me apoyaron a mí. Por eso, de alguna manera, tengo que devolver esa ayuda.

En cuarto medio ya estaba de lleno en la escritura, en la lectura y escritura. Fue muy rápido. De hecho, yo me había metido al área biológica y en cuarto medio me cambié al humanista para prepararme, para ser profesor. Una porque era lo más cercano a la literatura y lo otro, por lo que te dije anteriormente, quería retribuir un poco lo que se me ha dado.

¿Cómo tomas el reconocimiento a tu trabajo?

No termino de acostumbrarme. Yo lo pienso de esta manera.  Me dicen que sí, que efectivamente soy bueno en lo que hago, pero donde hay uno bueno siempre va a haber uno mejor. Por eso, pienso, quizá mientras a mí me consideran así, quizá hay un joven de 18 años, 15 años, 13 años, que verdaderamente es un prodigio, y no muestra lo suyo por miedo. Quizá está escondido, quizá hay mucho talento por ahí que todavía no sale a la luz. Por eso, cuando me dicen, que lo mío es bueno, lo agradezco, pero creo que hay más talento que buscar.

¿En qué momento te lanzaste a la piscina en los concursos literarios?

En cuarto medio ya tenía una cantidad más o menos de cuentos, basadas en experiencias reales o experiencias de los demás. Y un profesor, nos invitó a participar, así que yo levante la mano, junto a otros compañeros. Así participé en la categoría de 13 a 17 años, del Roberto Bolaño. Mi hermana me ayudó con todo el papeleo,  grabar los cuentos en cd y las correcciones.  El profesor me puso un siete por participar, así que con eso ya estaba agradecido.

El cuento con el que participó tuvo buena crítica desde su casa. “Mi hermana que me ayudó con esto, con la edición del cuento, terminó llorando. Después le dijo a mi mamá que lo leyera y también terminó llorando, luego se lo mostré a mi otra hermana y también terminó llorando. Era un cuento sobre el maltrato hacia la mujer visto desde la perspectiva de un bebé”.

Poco tiempo después, recibió un llamado telefónico desde Arica. “Te llamamos para avisarte que tu ganaste una Mención Honrosa”, me dijo.  Yo me levante de golpe, lo podría repetir, contesté. “Sí, es por el concurso Roberto Bolaño, ¿tú te llamas Rubén?”.

Recibió el premio de manos del Ministro de Cultura de ese entonces y compartió con decena de otros jóvenes que recuerda con cariño.Conocí a la ganadora del primer lugar de mi categoría, ha ganado tres veces seguidas, es seca pero muy humilde. Ver a alguien que ha ganado tres veces seguidas el primer lugar, ver su humildad, igual como que te aterriza”.

Sus relatos también contemplan otros reconocimientos en concursos literarios regionales. Mis proyecciones siempre fueron escribir para mí, porque me gustaba, porque me llenaba. Mi proyección era estudiar para sacar mi título y hacer lo que quiero hacer, pero nunca pensé que uno de mis cuentos alcanzaría una mención honrosa en el Roberto Bolaño.”

Rubén, ¿qué ideas son las que hacen sentarte frente al computador y escribir?

Va a sonar súper fuerte: la maldad es el hilo conductor. O sea, yo escribía de acuerdo a lo que recibía. Y qué es lo que uno recibe casi todos los días, en la mañana noticias, y qué son las noticias, finalmente, noticias malas. En tal lugar sucedió esto, en tal lugar una persona mató a tal persona, en tal lugar otra persona violó a tal persona. O sea, yo escribía lo que recibía y llegué a tal punto que vi que era bien tóxico, lo que recibía tanto como lo que escribía, y deje de hacer eso, deje de ver las noticias.  

Y tus escritores inspiradores, ¿cuál o cuáles son?

Juan José Benítez, el escritor de Caballo de Troya. Una saga de ficción que yo leí en séptimo básico. Después vino Stephen King. Me gusta la variedad de sus personajes, que no son planos, siempre hay un cambio en ellos. Por lo tanto, habla muy bien de cómo es el ser humano. El ser humano nunca es plano, cada día hay cosas que lo cambian, minúsculamente, eso ayuda a forjar la personalidad, el carácter, el temple de la persona. Yo no soy la misma persona que fui ayer o antes de ayer, voy cambiando, mejorando o empeorando.

Gabriel García Márquez con Cien años de soledad, fue una explosión en mi cabeza, me encantó. Me lo dieron como lectura para una prueba, pero no lo terminé de leer. Hicieron la prueba pero después lo continué, y luego lo volví a leer por segunda vez. Ahí lo disfrute completamente. Fue un descubrimiento, porque tú te metes en una la realidad fantástica. Lo que puedo sentir por esos autores es una gratitud, porque son ellos los que me han mantenido cerca del mundo de las letras.

Tengo una mirada bastante crítica de la educación superior, es quizás mi mirada pesimista. Pero me parece que deja poco espacio para la creatividad, para la reflexión. Y es desde ese pesimismo que te pregunto, ¿cómo haces para no perder esa fuerza que traes por escribir?

Es un trabajo mantener la llama de la inspiración viva, porque sí, es agotador. Es muchas veces malo para la cabeza, te enferma también muchas veces. En mi caso, mientras estoy en clases la creatividad vuela. Es agotador, pero todo lo que vale la pena lo es,  o sino todo sería fácil. O sea, nadie me dijo, entra a la universidad, lo vas a disfrutar totalmente. Hay que sufrirla antes para llegar al punto deseado. El fin es poder llegar a ser profesor para poder enseñar, para poder inspirar. Igual es como un deseo bien utópico, porque uno siempre quiere ser el punto de cambio en una sociedad, pero no siempre va a ser así. Uno puede poner su grano de arena, ese grano de arena tiene relevancia como efecto mariposa. Yo, quizá, voy a enseñar a un curso de cuarenta alumnos o de treinta y cinco alumnos, si llego a inspirar o a cambiar la mentalidad de uno, dos o tres alumnos, va a ser un cambio y, ellos van a querer cambiar a otros, así, una cadena.

En la básica tuve una profesora que vio que me gustaba la literatura, ella fue el punto de apoyo ahí, porque tampoco era como el más popular, era el ratón de biblioteca. De hecho, me asignaron cuidador de la biblioteca en los recreos. Súper ñoño.  Y esa profesora me ayudó a seguir. Ahora en la universidad, es otro profesor el que me mantiene motivado. Porque cuando uno es chico, uno suele caer en la precipitación, pero de chico yo sabía que lo mío eran los libros, después descubrí que era la escritura.

Y la lectura por opción, por gusto, ¿te das tiempo para eso?

Todos los días tengo que leer por lo menos dos o tres páginas de algún libro, para mantenerme en el ruedo. Aunque no sea gran avance, para mí es mantenerse en el ruedo. Y de escritura, un escritor siempre tiene que leer más de lo que escribe, por lo tanto, más ejercicio tengo de lectura que de escritura. Porque la universidad no da mucho tiempo para lo tuyo, para leer lo que a ti te gusta pero sí me mantengo leyendo lo que me dan allá, por lo tanto, me sirve de ejercicio. Ahora, estoy esperando las vacaciones para leerme todo. Tengo guardado mucho de Stephen King, de García Márquez.  Tengo mi buena biblioteca para mantenerme leyendo ahí varios inviernos. Y, cuando se me dé el tiempo, aprovecharé de escribir más novelas o más cuentos.

Este año escribió su primera novela, el tiempo de vacaciones de verano fue suficiente para dar vida a personajes que estarán por un tiempo guardados, porque como bien nos cuenta, las emociones a partir de estas creaciones, “hay que dejarlas morir un tiempo y volver a tomarla”.

¿Nos puedes contar de qué se trata?

La novela que escribí trata sobre la muerte y de cómo se puede presentar en la vida. La muerte igual es un punto recurrente en mis cuentos y mi trabajo. Es decir, me intriga mucho la muerte y no porque sea negativo. Muchos lo ven como el fin de algo, yo lo veo como el principio de algo. Puede ser el principio del descanso, el principio de un proceso.

Muchas otras historias anteriores, 14 cuentos para ser específicos, están siendo revisados por un escritor magallánico, antes de buscar una editorial que se interese. La novela por ahora correrá una suerte distinta, “quizá se quede ahí, echando polvo, o quizá igual la envíe a editorial, no sé, o quizá me la deje para mí como una experiencia personal para seguir aprendiendo. No sé, uno nunca sabe. Quizá mañana quiera publicarla, quizá pasado mañana no quiera, quizá en tres días más la odie”.